Sheinbaum exhibe sobrecostos y mala planeación del Tren Insurgente en el gobierno de Peña Nieto

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De los “precios extraordinarios” a las 11 empresas: La historia oculta del Tren Insurgente que Sheinbaum reveló al inaugurarlo

Este lunes, con la cinta cortada y el tren listo para conectar Toluca con el poniente de la Ciudad de México, la Presidenta Claudia Sheinbaum no solo inauguró una obra, sino que desenterró su historia más polémica. Frente a los medios, la mandataria fue directa al ser cuestionada sobre los sobrecostos que marcaron la construcción del Tren Interurbano “El Insurgente”. Su relato fue una crónica de mala administración que echó raíces en 2014, durante el gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto. “Tiene una larga historia esta obra”, comenzó Sheinbaum, y procedió a detallar un proceso licitatorio que, según su versión, nació viciado y generó un laberinto de costos extras.

El primer capítulo de esta crónica, según la presidenta, fue la licitación misma. “Esta obra se licitó con un proyecto ejecutivo allá en 2014”, explicó. El problema surgió de inmediato: “gana una empresa que no tenía historia de construcción de obras viales”. Pero el verdadero giro ocurrió “al otro día de que se asigna el contrato, cambia el proyecto ejecutivo. Ese es el primer problema”. Este cambio fundamental, sostuvo Sheinbaum, fue la puerta de entrada al descontrol financiero. Al modificarse el proyecto original, todos los precios posteriores se catalogaron como “extraordinarios”, porque no estaban contemplados inicialmente. “Eso ya puso un problema gravísimo en la administración de la obra”, sentenció, pintando un cuadro de planeación errática desde el origen.

La crónica continuó con los retrasos operativos. Sheinbaum expuso que las empresas a cargo, especialmente en el tramo de la Ciudad de México, acumulaban múltiples atrasos sin avanzar. “Al punto de que se pusieron sanciones, pedían más recurso, otras sanciones, pedían más recursos y prácticamente por un año y medio no avanzó la obra”, narró. Este ciclo de penalizaciones y nuevas solicitudes de fondos congeló la construcción, alargando indefinidamente el plazo y, presumiblemente, incrementando la factura. El proyecto parecía encaminado a un fracaso costoso y perpetuo.

El desenlace de esta historia, según Sheinbaum, llegó con el cambio de administración. Con el presidente Andrés Manuel López Obrador, se tomó una decisión drástica: retirar el contrato a la empresa problemática. La solución fue fragmentar la obra y asignarla a “11 empresas para que hicieran tramos pequeños”. Esta estrategia, afirmó, no solo permitió concluir la obra, sino que incluso posibilitó “reduciendo costos en la construcción de las últimas estaciones”. Su reflexión final fue una advertencia sobre el costo del tiempo perdido: “Si no, hubiera tardado otros 15 años la obra”. La crónica que Sheinbaum contó fue, en esencia, la de una obra rescatada de un modelo de gestión que, a su juicio, combinó opacidad, incapacidad y un despilfarro millonario.

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