La estrategia de la negativa y el contraataque: Trump se defiende de los “archivos Epstein” y lanza dardos
En el escenario de la polémica que no cesa, el presidente Donald Trump tomó este lunes su plataforma predilecta, Truth Social, para trazar una línea de defensa y contraofensiva. Su mensaje fue doble: una negativa categórica y una acusación directa. “Yo nunca fui a la infame isla de Epstein”, escribió con énfasis el mandatario, refiriéndose al enclave caribeño del fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein. Acto seguido, giró la mirada hacia sus adversarios: “pero casi todos estos demócratas corruptos y sus donantes sí lo hicieron”. Con esta declaración, Trump buscó no solo deslindarse, sino reencuadrar el escándalo que resurge con cada liberación de documentos judiciales.
La crónica de la defensa de Trump incluyó un nombre propio: Michael Wolff, el periodista autor del polémico libro Fire and Fury. El presidente afirmó que “Epstein y un tipejo despreciable y mentiroso llamado Michael Wolff conspiraron” para perjudicarle, asegurando que los documentos recientes del Departamento de Justicia demostrarían que él no tenía “ninguna relación de amistad” con el financiero. Incluso lanzó una amenaza: “Se le acabó la esperanza a la izquierda radical, a algunos de cuyos miembros demandaré”. Esta narrativa de conspiración y victimización es un guion conocido en el estilo político de Trump, aplicado ahora a uno de los escándalos más sensibles.
Sin embargo, la crónica de los hechos conocidos pinta un cuadro de mayor complejidad. Existen registros públicos y fotografías que documentan que Trump y Epstein coincidieron en fiestas a lo largo de la década de 1990 y fueron considerados amigos durante aproximadamente 15 años. La relación, según reportes, se enfrió en 2004 por una disputa inmobiliaria en Palm Beach, antes de que los primeros señalamientos contra Epstein se hicieran públicos. Además, el nombre de Trump aparece en numerosas páginas de los llamados “archivos Epstein”, que contienen acusaciones graves, incluyendo la de una mujer que alega haber sido violada por Trump cuando tenía 13 años.
Frente a esta tormenta de acusaciones, el propio Departamento de Justicia intervino con un comunicado que, sin nombrar a Trump directamente, parecía aludir a su situación. Advirtió que “algunos de los documentos contienen afirmaciones falsas y sensacionalistas contra el presidente Trump que se presentaron al FBI justo antes de las elecciones de 2020”. Esta declaración oficial ofrece un resquicio a la defensa, al cuestionar la veracidad y el momento de algunas de las alegaciones. La crónica que queda es la de un presidente que combate las sombras de un escándalo pasado con la herramienta que mejor domina: la negativa pública, el ataque a sus rivales y el señalamiento de una conspiración en su contra.
