Sheinbaum busca soberanía sanitaria con la alianza estratégica entre Birmex, Liomont y Moderna.
El gobierno de México dio un paso estratégico para cerrar la brecha tecnológica y de autonomía en el sector de la salud. La presidenta Claudia Sheinbaum firmó un acuerdo histórico entre la Secretaría de Salud y las farmacéuticas Birmex, Liomont y Moderna, con el objetivo de establecer la producción de vacunas ARN mensajero en México. Este convenio no solo busca fabricar biológicos contra la COVID-19, sino también desarrollar vacunas para otras enfermedades prioritarias como el dengue y el cáncer, posicionando al país como un actor relevante en la investigación y manufactura científica.
El acuerdo funciona mediante una alianza público-privada y transnacional. Moderna, la empresa estadounidense pionera en la tecnología de ARN mensajero, aportará su conocimiento y licencias. Liomont, una farmacéutica mexicana de larga trayectoria, contribuirá con su capacidad de producción industrial, y Birmex, el laboratorio estatal, actuará como el brazo ejecutor y regulador del gobierno federal. Este modelo tripartito busca transferir tecnología de vanguardia a la industria nacional, un objetivo que Sheinbaum calificó como clave para “garantizar la soberanía en materia de salud” y convertir a México en una “potencia científica”.
La soberanía en salud México es el pilar conceptual de esta iniciativa. Durante la pandemia, México dependió de importaciones y donaciones para acceder a vacunas como la de Moderna, de la cual recibió más de 6.2 millones de dosis. Este nuevo acuerdo busca evitar esa dependencia en futuras crisis sanitarias. La producción nacional de vacunas con tecnología de punta permitiría al país responder con mayor rapidez y equidad a emergencias epidemiológicas, además de fortalecer el tejido industrial y científico local.
El impacto de este proyecto es multifacético. Primero, diversifica el arsenal médico del país, ya que la tecnología ARN mensajero no solo sirve para el coronavirus, sino que es adaptable a otras enfermedades. Segundo, genera capacidad tecnológica e investigación de alto nivel dentro de México. Tercero, representa un hito en la política industrial en salud, alineando al Estado, la empresa privada nacional y un gigante global para un objetivo común. Para el ciudadano común, se traduce en mayor seguridad sanitaria, acceso potencial a tratamientos avanzados y en la consolidación de una infraestructura que puede salvar vidas en el futuro, transformando la salud pública de una política de reacción a una de prevención y autosuficiencia estratégica.
