Víctimas se alzan en silencio mientras fiscal general enfrenta acusaciones de perjurio en el Capitolio

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Cuatro horas de tensión extrema en el Congreso desnudaron la fractura entre promesas de transparencia y la realidad de víctimas ignoradas por el Departamento de Justicia.

El silencio se quebró cuando las sobrevivientes se pusieron de pie. Sin una palabra, sus cuerpos erguidos frente al comité judicial confirmaron lo impensable: ninguna había recibido siquiera una llamada del Departamento de Justicia estadounidense. En esa sala del Capitolio, el 11 de febrero, la fiscal general Pam Bondi observó cómo su juramento de decir “la verdad y nada más que la verdad” se desmoronaba ante testigos vivos de su propio fracaso institucional.

La sesión, presidida por el congresista Jordan, inició con formalidades que pronto se volvieron ceniza. Pramila Jayapal transformó el ambiente al exigir una disculpa pública tras revelar que millones de documentos publicados habían expuesto a víctimas sin consultarlas. El altercado verbal que siguió obligó a Bondi a rectificar: ofreció disculpas y prometió investigaciones, aunque horas antes había defendido con vehemencia su historial como “fiscal de carrera dedicada a las víctimas”.

Ted Lieu elevó la temperatura al proyectar imágenes del expríncipe Andrés junto a una menor en posturas comprometedoras. Su dedo señaló directamente a Bondi: “Está mintiendo bajo juramento”. La acusación resonó como un eco en las paredes del Congreso mientras el demócrata cuestionaba por qué el Departamento cerró investigaciones sobre el príncipe mientras, según sus palabras, Donald Trump también frecuentó fiestas de Epstein con menores presentes. La respuesta de Bondi llegó seca: “Ridículo. No existe evidencia de crímenes por parte del presidente”.

Entre interrupciones altaneras —como cuando evitó responder a Jerry Nadler sobre el número de investigados—, Bondi desvió el foco hacia la administración Obama, asegurando que el caso Epstein permaneció dormido durante años demócratas. Exigió disculpas para Trump por “persecución política”, mientras Jamie Raskin la acusaba de dirigir “un encubrimiento masivo” al publicar apenas tres documentos de los seis millones disponibles.

En un giro revelador, Bondi admitió que nombres de “individuos poderosos” fueron deliberadamente ocultados en los archivos. Mencionó comunicaciones entre Epstein y el sultán Bin Sulayem, vinculado a empresas cercanas a Trump y Steve Bannon. Tras más de 240 minutos de enfrentamientos, concluyó afirmando que su administración “trabaja arduamente por la verdad”. Pero las sillas vacías donde habían estado las víctimas permanecían como testigo mudo de una promesa incumplida.

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