Golpe al Congreso: Sheinbaum propone reducir Senado y recortar 25% del gasto electoral

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Cuauhtémoc, Ciudad de México. 25 de febrero 2026. La presidenta constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo en conferencia de prensa matutina en el salón de la Tesorería de Palacio Nacional. La acompañan: Rosa Icela Rodríguez Velázquez, secretaria de Gobernación; Pablo Gómez comisionado presidente de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral; Arturo Zaldívar, coordinador de Política y Gobierno; Lázaro Cárdenas Batel, Jefe de la Oficina de la Presidencia; Jesús Ramírez Cuevas, coordinador de asesores de la Presidencia de la República; Merino, Director de la agencia de transformación digital y Telecomunicaciones; Esthela Damián Peralta, consejera jurídica del Ejecutivo Federal y Miguel Ángel Elorza Vázquez, coordinador de Infodemia. Foto: Juan Carlos Buenrostro/Presidencia

La reforma elimina 32 senadores plurinominales, baja salarios de consejeros del INE, prohíbe nepotismo y reelección desde 2030, y regula inteligencia artificial en campañas.

El Senado pasará de 128 a 96 escaños. Los consejeros del INE ganarán menos que la Presidenta. El nepotismo político será ilegal desde 2030. Y la inteligencia artificial en campañas tendrá que etiquetarse. La reforma electoral que Claudia Sheinbaum envió al Congreso no es un ajuste menor. Es una cirugía mayor al sistema político mexicano. Rosa Icela Rodríguez y Pablo Gómez desglosaron este miércoles los detalles de una iniciativa que sacudirá los cimientos del poder legislativo y electoral.

La conferencia matutina se convirtió en cátedra de ingeniería constitucional. Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación, tomó la palabra para explicar, punto por punto, qué cambiará si la reforma es aprobada.

El primer impacto: el Senado se encoge. De 128 senadores se pasa a 96. Desaparecen los 32 plurinominales. Solo quedarán los 64 de mayoría relativa y los 32 de primera minoría. Un tijeretazo directo a la representación proporcional en la Cámara Alta.

La Cámara de Diputados, en cambio, mantiene sus 500 curules. Pero cambia la forma de acceder a ellas. 300 serán de mayoría. De los 200 restantes, 97 serán para los que no ganaron pero obtuvieron más votos. 95 se elegirán por votación directa en circunscripciones. Y 8 serán para mexicanos en el exterior.

Pero la reforma va mucho más allá de la integración del Congreso. El gasto electoral se reduce 25%. Eso significa menos recursos para el INE, los organismos locales, los partidos políticos y los tribunales electorales.

Los salarios y bonos de consejeros y altos funcionarios del INE bajarán. La reforma del artículo 127 establece que nadie puede ganar más que la Presidenta. Y eso incluye a los árbitros electorales.

También se elimina la duplicidad de funciones entre organismos locales y federales. El INE ya no elegirá a los consejeros de los OPLES. Y los cómputos distritales arrancarán inmediatamente después de la votación, eliminando los Programas de Resultados Electorales Preliminares. Como ya ocurre en la Ciudad de México.

En los municipios, el número de regiduras se reducirá. Se fijarán en función de la población, con un tope máximo de 15.

La fiscalización será el caballo de batalla. El INE tendrá acceso en tiempo real a todas las operaciones financieras de partidos, candidatos y personajes clave. Se prohíben las aportaciones en efectivo. Todos los recursos deberán moverse a través del sistema financiero. Tecnología al servicio de la transparencia.

Los tiempos de radio y televisión en campañas se acortan: de 48 a 35 minutos. Un ajuste que impactará directamente en la estrategia comunicativa de los partidos.

Y luego viene el tema que incomoda a muchos: la inteligencia artificial. Cualquier contenido elaborado con IA durante las campañas deberá ser etiquetado como tal. No más engaños. No más deepfakes sin advertencia.

Pablo Gómez puso los números sobre la mesa. Las elecciones de 2024 costaron 61 mil millones de pesos. 36 mil millones para organismos federales. 25 mil millones para locales. Una cifra que, dijo, refleja una “hipertrofia” electoral.

La reforma busca adelgazar ese monstruo burocrático. Pero también toca fibras sensibles: elimina el nepotismo, prohíbe la reelección a partir de 2030, y amplía la democracia participativa a referéndums, plebiscitos y consultas populares en todos los niveles. El mensaje es claro: el viejo sistema se acaba. Quien quiera conservar sus privilegios, tendrá que explicarle a la ciudadanía por qué.

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