Cuba repele ataque armado: 4 muertos en enfrentamiento con lancha de EEUU

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Agentes fronterizos cubanos son atacados a tiros en Villa Clara; gobierno de La Habana denuncia intento de infiltración terrorista mientras Florida exige investigación.

El mar Caribe amaneció manchado de sangre. A casi 180 kilómetros de territorio estadounidense, una lancha rápida con matrícula de Estados Unidos violó los límites de las aguas territoriales cubanas. Cuando los guardafronteras se acercaron a identificarla, las balas silbaron sobre el agua. La respuesta fue inmediata, letal. Cuatro tripulantes muertos. Seis heridos. Y un comandante cubano también alcanzado por los disparos. La tensión entre La Habana y Washington acaba de escalar a un nuevo nivel.

Era el 25 de febrero cuando las autoridades cubanas detectaron la embarcación intrusa en Cayo Falcones, provincia de Villa Clara. Una lancha rápida, con matrícula estadounidense, navegaba sin autorización en aguas que La Habana considera propias.

El protocolo se activó. Los guardafronteras cubanos se aproximaron para identificar a los ocupantes. Nunca imaginaron que serían recibidos a tiros.

El enfrentamiento duró minutos. Cuando cesaron los disparos, el saldo era trágico: cuatro atacantes muertos, seis heridos. Entre las víctimas mortales, todos cubanos residentes en Estados Unidos, según la versión oficial. Todos con historial delictivo, según el Ministerio del Interior.

El comunicado del Ministerio del Interior cubano no dejó espacio a la ambigüedad. Calificó el hecho como un intento de infiltración con “fines terroristas”. Aseguró que la mayoría de los tripulantes tenían antecedentes penales y actividad violenta documentada.

La versión oficial sostiene que la lancha fue detectada violando los límites marítimos, que los guardafronteras actuaron conforme a protocolo y que fueron atacados primero. El comandante de la nave cubana resultó herido en el intercambio.

Pero el incidente no ocurre en el vacío. Se da en medio de crecientes tensiones bilaterales, con Estados Unidos amenazando con imponer aranceles a países que suministren petróleo a Cuba. La isla, por su parte, ratificó su postura: “La defensa nacional es un pilar fundamental para la protección de la soberanía”.

Del lado estadounidense, las reacciones no se hicieron esperar. El secretario de Estado, Marco Rubio, fue tajante: no fue una operación del gobierno estadounidense. Ningún funcionario de la administración estaba involucrado.

Pero la aclaración no calmó las aguas. El fiscal general de Florida, James Uthmeier, ordenó una investigación en colaboración con autoridades federales, estatales y policiales. Su declaración encendió aún más la mecha: “No se puede confiar en el gobierno cubano. Haremos todo lo posible para que estos comunistas rindan cuentas”.

El congresista republicano Carlos A. Giménez, también por Florida, exigió una investigación inmediata. Su pregunta clave: ¿alguna de las víctimas era ciudadana estadounidense o residente legal? La respuesta podría cambiar la naturaleza del conflicto.

Mientras La Habana defiende su soberanía con el comunicado en mano, Florida exige respuestas con el puño en alto. Cuatro cuerpos yacen en la morgue cubana. Seis heridos esperan atención médica. Y en medio, un mar Caribe que separa y une a dos países con una historia de décadas de desencuentros. La sangre derramada en Cayo Falcones no es solo la de cuatro presuntos infiltrados. Es la gota que puede desbordar un vaso que ya estaba hasta el borde.

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