Sheinbaum descalifica a críticos de reforma: “Son los fantasmas del pasado regresaron”

0
11
Cuauhtémoc, Ciudad de México. 2 de marzo 2026. La presidenta constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo en conferencia de prensa matutina en el salón de la Tesorería de Palacio Nacional. La acompañan: Ariadna Montiel, secretaria de Bienestar; Marath Bolaños López, secretario del Trabajo y Previsión Social; Zoé Alejandro Robledo Aburto, director general del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS); Iván Escalante, Procurador Federal del Consumidor (Profeco) y Diana Aurora Correa, subdirectora de Diseño Digital y Medios Sociales en la Unidad de Memoria. Foto: Gabriel Monroy/Presidencia

La presidenta ironiza sobre el exhorto de Fernández de Cevallos, Labastida y Beltrones contra su iniciativa electoral y los vincula con fraudes históricos

La conferencia matutina se convirtió en un escenario de exorcismo político. Desde el podio, Claudia Sheinbaum miró a las cámaras y lanzó una frase que condensaba su estrategia frente a las críticas: no se trataba de debatir con adversarios del presente, sino de conjurar espectros del ayer. “Los fantasmas del pasado regresaron”, sentenció, y con esa imagen enterró cualquier posibilidad de diálogo sustantivo con quienes osaron cuestionar su reforma electoral.

El origen de la ironía presidencial fue un documento firmado por tres pesos pesados de la política mexicana. Diego Fernández de Cevallos, Francisco Labastida y Manlio Fabio Beltrones suscribieron un exhorto público donde advierten que la iniciativa de reforma electoral propuesta por Sheinbaum destruye los “avances democráticos” construidos durante décadas en México. El texto, de tono grave, exige a los legisladores votar en contra de la medida.

Pero la respuesta desde el Palacio Nacional no fue un debate técnico sobre las bondades o defectos de la reforma. Fue una burla con nombres y apellidos. Sheinbaum desgranó la biografía política de cada firmante para desacreditarlos antes de que sus argumentos pudieran instalarse en la opinión pública. Beltrones, dijo, es “creación de Salinas de Gortari”. Fernández de Cevallos, añadió, también es “creación de Carlos Salinas”, a pesar de su militancia panista, porque representa “el símbolo del prianismo”. Labastida, remató, es el mismo que en su libro acusa a Zedillo de haber “vendido la elección a Estados Unidos para que llegara Fox”.

El mensaje era claro: quienes hoy se erigen como defensores de la democracia tienen un pasado incómodo. Sheinbaum no se detuvo en las advertencias sobre el futuro electoral. Prefirió cavar en el pasado de sus críticos para encontrar los esqueletos que, según ella, invalidan cualquier reclamo presente. “Ellos muy preocupados por la democracia”, ironizó, antes de soltar la frase que funcionó como estocada final: “Artífices de fraudes electorales”.

La estrategia presidencial transformó un debate institucional sobre el diseño del sistema electoral en una batalla por la memoria histórica. Los tres políticos que firmaron el exhorto representan, en la narrativa de Sheinbaum, no a voces autorizadas para hablar de democracia, sino a testigos de cargo de un pasado que la Cuarta Transformación busca superar. Al colocarlos en esa categoría, la presidenta no solo descalifica sus argumentos: los expulsa del debate público legítimo.

Detrás del sarcasmo, sin embargo, queda flotando una pregunta incómoda. Si los críticos son fantasmas del pasado, ¿quién encarna entonces la democracia auténtica? Sheinbaum no respondió esa cuestión. Prefirió reírse de los espectros. Pero los espectros, en política, suelen regresar aunque los gobiernos se burlen de ellos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí