Microsoft, Amazon, Google y Palantir facturan cientos de millones al ICE y la CBP; sus sistemas en la nube, inteligencia artificial y herramientas de análisis sostienen la infraestructura de vigilancia y expulsión que hoy apunta a inmigrantes en todo el país
La maquinaria de deportación más poderosa del mundo no funciona con combustibles fósiles. Funciona con datos. Detrás de cada orden de expulsión, cada vigilancia fronteriza y cada base de datos que cruza información de millones de personas, hay una constelación de empresas tecnológicas que han hecho de la migración su negocio más rentable y menos visible.
Un análisis de WIRED sobre los contratos federales entre 2023 y la actualidad revela que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) han desembolsado cientos de millones de dólares a gigantes como Microsoft, Amazon, Google y Palantir. La infraestructura digital del control migratorio tiene dueños y tienen nombres.
Palantir, la compañía de tecnología de defensa cofundada por Peter Thiel, encabeza la lista con 121.9 millones de dólares en pagos del ICE desde 2023. Su producto estrella, el sistema de Gestión de Casos de Investigación (ICM), es descrito por el Departamento de Seguridad Nacional como la “herramienta fundamental de gestión de casos policiales” del ICE. Una presentación de 2023 indica que unas 10,000 personas en todo el mundo lo utilizan para almacenar expedientes de investigaciones penales y civiles, facilitar el intercambio de información con la CBP y realizar búsquedas en sistemas internos y externos.
Pero el ICM es solo una pieza. En abril, WIRED reveló que Palantir construyó el Immigration Lifecycle Operating System, o ImmigrationOS, una plataforma diseñada para ayudar a la agencia a decidir quién debe ser deportado y hacer seguimiento de quienes abandonan el país. Más recientemente, la empresa desarrolló ELITE, una herramienta que utiliza inteligencia artificial para acceder a “información de direcciones no estructurada” en registros como fichas criminales y órdenes judiciales, y asigna una “puntuación de confianza” sobre la posible ubicación de objetivos de deportación.
Microsoft, por su parte, ha recibido al menos 94 millones de dólares del ICE y 81 millones de la CBP en el mismo período. Sus servicios en la nube Azure y Microsoft 365 sostienen operaciones que van desde la Oficina del Director de Información hasta la unidad de abogados que litiga “todos los casos de expulsión, incluidos aquellos contra extranjeros criminales, terroristas y abusadores de derechos humanos”. El ICE también ha adquirido licencias para Dynamics 365 y formación personalizada en Teams para su personal del programa 287(g), que delega funciones migratorias a agencias locales y estatales.
Amazon ha facturado al menos 51 millones de dólares al ICE y 158 millones a la CBP. Su infraestructura GovCloud alberga sistemas críticos como el ICE Cloud, que contiene el “Data Warehouse” de la agencia y el Law Enforcement Information Sharing Service, descrito como una “superautopista de intercambio de datos” entre el ICE y otras fuerzas policiales. También sostiene el Sistema de Información sobre Estudiantes y Visitantes de Intercambio, que almacena datos de personas que estudian en Estados Unidos.
Google, aunque con cifras menores —921,000 dólares del ICE y 7 millones de la CBP—, también tiene su lugar. Su nube gestiona la “División de Servicios Empresariales en la Nube” de la CBP y, desde marzo de 2025, ha ayudado a la agencia a utilizar inteligencia artificial generativa para “resumir documentos y generar contenido”. No está claro qué documentos, pero sí que la IA ya está en la frontera.
El entramado es complejo. Muchos pagos se realizan a través de terceros como Dell Federal Systems o Four Points Technology, lo que permite a las grandes tecnológicas mantener cierta distancia de las operaciones finales. Pero, como señala Jake Laperruque, del Centro para la Democracia y la Tecnología, sin sus productos, “la infraestructura informática de la máquina de inmigración de Estados Unidos se parecería muy poco a su forma actual”.
La expansión de estas herramientas ha generado incomodidad incluso dentro de las propias empresas. En febrero, decenas de empleados de Amazon protestaron frente a su sede en Seattle. Más de 800 trabajadores de Google firmaron una petición exigiendo revelar y cancelar los contratos con ICE y CBP. En Palantir, tras la muerte de dos personas en Minneapolis en operativos federales, empleados pidieron respuestas; el CEO Alex Karp grabó un video ofreciendo escasa información y sugiriendo firmar acuerdos de confidencialidad a quienes quisieran saber más.
Jeramie Scott, del Centro de Información de Privacidad Electrónica, lo resume así: “Esta administración está tratando de agregar diferentes fuentes de datos con el propósito de hacer cumplir la ley de inmigración, a pesar de que esa información no se recopiló con ese fin. Hacer eso socava la confianza en el gobierno”.
Mientras tanto, la maquinaria sigue funcionando. Alimentada por la nube, entrenada con inteligencia artificial y financiada con millones de dólares públicos. El silicio de la deportación no descansa.
