El Senado de EE.UU. blindó a Trump: rechazan límites para atacar a Irán sin aval del Congreso.

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WASHINGTON, DC - JANUARY 06: Speaker of the House Nancy Pelosi (D-CA) presides over a reconvened joint session of Congress in the House Chamber on January 6, 2021 in Washington, DC. Congress has reconvened to ratify President-elect Joe Biden's 306-232 Electoral College win over President Donald Trump, hours after a pro-Trump mob broke into the U.S. Capitol and disrupted proceedings. Amanda Voisard - Pool/Getty Images/AFP

Con 52 votos en contra y 48 a favor, la Cámara Alta sepulta la iniciativa que buscaba restringir los poderes presidenciales para emprender operaciones militares contra Teherán sin autorización legislativa.

El Congreso estadounidense tuvo este 4 de marzo la oportunidad de atar las manos del presidente para bombardear Irán. La rechazó. Por 52 votos contra 48, el Senado dijo no a una resolución que prohibía nuevas acciones militares sin el visto bueno de los legisladores. La Casa Blanca respira aliviada. Los que advertían sobre una guerra sin control, no.

La iniciativa buscaba algo simple en apariencia, pero radical en sus implicaciones: quitarle al Ejecutivo el dedo en el gatillo. Proponía un plazo de 30 días para detener cualquier participación no autorizada de fuerzas estadounidenses en hostilidades contra Irán, con excepción de repeler un ataque inminente. Era un intento por restaurar el equilibrio constitucional, donde el Congreso autoriza la guerra, no el presidente por su cuenta.

El debate en el hemiciclo expuso las grietas. Los senadores que impulsaban la medida acusaron a Donald Trump de extralimitarse al involucrar al país en una guerra junto a Israel sin presentar pruebas. Tim Kaine fue directo: ni siquiera en sesiones clasificadas mostraron evidencia de una amenaza inminente iraní.

El argumento oficial para justificar las acciones militares descansa en varias patas. Marco Rubio, secretario de Estado, declaró que Israel tenía planes de atacar a Irán y que eso podría desencadenar represalias contra intereses estadounidenses. Trump, por su parte, invirtió los papeles: aseguró que era Irán quien se alistaba para golpear a Israel. Esa versión fue el pilar para mover las piezas militares.

Pero hay un telón de fondo más denso. Funcionarios del gobierno llevan semanas señalando que los programas nucleares y de misiles que Irán desarrolla desde 1979 representan una amenaza existencial. La sombra de la Revolución Islámica sigue pesando en las decisiones de Washington.

James Risch, uno de los rostros del rechazo a la resolución, defendió la postura oficial con un argumento constitucional: el presidente tiene el deber de proteger al país frente a amenazas externas. Y añadió un dato incómodo: Irán ha intentado reconstruir sus capacidades nucleares y de misiles tras los ataques de una guerra de 12 días encabezada por Israel el año pasado.

La votación del 4 de marzo no fue solo un revés legislativo. Fue la confirmación de que el Congreso, al menos por ahora, prefiere mirar hacia otro lado mientras la Casa Blanca maneja el tablero militar en Medio Oriente con mano suelta. Los 48 votos a favor de la resolución revelan que casi la mitad del Senado cree que el presidente se ha excedido. Pero los 52 en contra son los que cuentan. Y esos 52 le dicen a Trump que puede seguir adelante.

El debate de fondo —sobre quién tiene la facultad de declarar la guerra— quedó sepultado bajo la votación. La Constitución estadounidense otorga al Congreso ese poder. Pero en la práctica, la última palabra la tuvieron 52 senadores que prefirieron no atar al Ejecutivo.

El mensaje de la Cámara Alta es claro: el presidente puede bombardear Irán sin pedir permiso. La resolución que pretendía frenarlo murió con 52 votos. Los legisladores que alertaban sobre una guerra sin control legislativo tendrán que esperar. O quizá ya es tarde para esperar.

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