Malintzin ya no es traidora: Sheinbaum reivindica a las mujeres como las grandes traductoras

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La Cartilla de Derechos de las Mujeres fue presentada en Tehuantepec traducida a 69 variantes lingüísticas; la presidenta propuso versiones en radio comunitaria y libros infantiles para honrar a las guardianas de las lenguas maternas.

En Tehuantepec, Oaxaca, la traducción no es un acto técnico. Es político, es histórico y, según la presidenta Claudia Sheinbaum, es femenino. La Cartilla de Derechos de las Mujeres acaba de ser vertida a 69 variantes lingüísticas correspondientes a 67 lenguas indígenas. No es un folleto más. Es una operación simbólica que busca reposicionar a las mujeres en el centro de la memoria lingüística del país.

“Se llama ‘lengua materna’, porque quien la traduce, quien la dice, quien la conserva, somos las mujeres”, afirmó Sheinbaum durante la presentación realizada el 22 de marzo. La frase desató una línea argumental que atraviesa todo el evento: la reivindicación de las mujeres indígenas como las grandes protectoras de las lenguas originarias, un papel que, según la mandataria, había sido minimizado durante “muchos años del periodo neoliberal”.

Pero el gesto más disruptivo de la ceremonia no fue la cartilla. Fue la reivindicación de Malintzin. La figura histórica, durante siglos estigmatizada como traidora, fue resignificada por Sheinbaum como “la primera traductora”. Una esclava, recordó la presidenta, no una colaboradora voluntaria. El Paseo de las Heroínas en Reforma, Ciudad de México, ya alberga una escultura que consagra esa nueva lectura histórica.

La presentación en Tehuantepec tuvo un anclaje territorial preciso. Oaxaca concentra 15 lenguas originarias y 176 variantes lingüísticas, cada una con su propia historia, tradición y cosmovisión, tal como recordó el gobernador Salomón Jara. En ese contexto, la cartilla traducida no es un documento estático. Sheinbaum propuso ampliar el alcance: una versión para ser difundida en radios comunitarias, además de la traducción de libros de texto y materiales infantiles a las lenguas originarias.

La secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández Mora, concretó una parte de esa ampliación. Anunció la firma de un decreto con el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI) que permitirá que la Cartilla de Derechos de las Mujeres se difunda en todas las radios comunitarias del país. En su intervención, Hernández Mora subrayó el rol de las mujeres indígenas como cuidadoras de la naturaleza, guardianas de la medicina tradicional y principales promotoras de derechos.

El punto de tensión de la jornada no fue la cartilla en sí, sino la disputa por el relato histórico que la acompaña. Sheinbaum utilizó la presentación para marcar una línea divisoria entre un pasado donde las lenguas indígenas fueron minimizadas y un presente donde se busca reivindicarlas, con las mujeres como eje. “Hoy reivindicamos las lenguas indígenas, reivindicamos a las mujeres indígenas, con ello reivindicamos a todas las mujeres de México”, sentenció.

Yolanda Odilia Aquino Osorio, traductora del pueblo indígena Ikoots, aportó una capa adicional de significado. Afirmó que la traducción de este documento hace valer las reformas constitucionales impulsadas por la presidenta para garantizar que los pueblos indígenas y afromexicanos sean sujetos de derecho. La cartilla, en ese sentido, no es solo un material de difusión: es un instrumento de implementación de derechos constitucionales.

La ceremonia combinó capas de significado. La más evidente es la accesibilidad: mujeres indígenas podrán leer en su lengua materna un documento que enumera sus derechos. La segunda es simbólica: se coloca a las mujeres como sujetas activas de la preservación lingüística. La tercera es histórica: la reivindicación de Malintzin opera como bisagra entre la condena colonial y el reconocimiento actual.

El cierre de la presentación dejó una imagen potente: la cartilla traducida como metáfora de un giro cultural. Sheinbaum lo resumió en su intervención: “Por eso el Humanismo Mexicano y Tiempo de Mujeres hoy lo celebramos con la traducción de la Cartilla de las Mujeres”. La frase une dos ejes de su discurso: un humanismo que mira a las periferias y un tiempo que, según su narrativa, ha llegado para las mujeres.

El eco de Malintzin resonó en Tehuantepec. No como traidora, sino como la primera eslabón de una cadena de mujeres que, en palabras de la presidenta, “enseñamos a hablar a nuestros hijos”. La lengua materna, en esa construcción, es femenina. Y la cartilla, ahora traducida, es su vehículo.

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