
La Presidenta exhibió la retractación de la organización ambientalista tras difundir una imagen apócrifa que mostraba todo el Golfo de México contaminado; aseguró que carecía de sustento científico y tenía una intencionalidad política.
La imagen recorrió redes sociales. Greenpeace la difundió como propia. Mostraba el Golfo de México teñido de manchas negras que, según la organización, evidenciaban la magnitud de un derrame de hidrocarburos en las costas de Veracruz y Tabasco. La comentocracia se encargó del resto: señalamientos cruzados, acusaciones al gobierno, un clima de desinformación que duró hasta que Claudia Sheinbaum subió al podio de la conferencia matutina con una aclaración y una prueba: la propia retractación de Greenpeace.
El mapa no era un mapa. No era satelital. No tenía sustento técnico ni científico. Era, según la propia organización ambientalista, una “imagen ilustrativa” que tomaron de un medio y difundieron como si documentara un hecho real. Sheinbaum fue directa: “Esa imagen es falsa, no tiene sustento científico. Es una imagen que apareció en las redes publicada por Greenpeace pero no tiene nada que ver con la situación en la que actualmente está el Golfo de México”.
La Presidenta señaló un detalle que consideró revelador: la imagen parecía diseñada para hacer creer que todo el crudo derramado provenía de la Refinería de Dos Bocas. No era un error técnico, dijo, era una intencionalidad. “Greenpeace es una asociación ambientalista que no necesariamente tiene datos científicos para sustentar lo que dice”, sentenció.
En la conferencia, Sheinbaum proyectó la disculpa pública emitida por la organización. En ella, Greenpeace aclaraba que la imagen no era de su autoría, que la habían tomado de un medio y que la difundieron solo como ilustrativa, no como un mapa satelital con respaldo técnico. “Qué bueno que lo están reconociendo”, expresó la mandataria, sin ocultar un tono de satisfacción por la rectificación.
El episodio expuso las tensiones entre la velocidad de las redes sociales y la rigurosidad de la información ambiental. La imagen se viralizó antes de que cualquier organismo técnico pudiera verificar su autenticidad. La comentocracia —ese conjunto de opinadores que, según la Presidenta, construyen relatos sin base— aprovechó el material para arremeter contra el gobierno.
Sheinbaum aprovechó el caso para marcar una diferencia entre la activismo ambiental y la gestión gubernamental. Mientras Greenpeace difundía imágenes sin sustento, el gobierno, afirmó, estaba sobrevolando la zona afectada para reconocer y limpiar el daño. Las sobrevuelos, explicó, incluso permitieron detectar manchas que antes no estaban en el radar.
La retractación de Greenpeace no fue un gesto menor. La organización que se presenta como defensora del medio ambiente tuvo que admitir que su comunicación no fue precisa, que la imagen no era un mapa satelital y que su difusión generó una interpretación errónea de la magnitud del derrame.
El caso pone en el centro la responsabilidad de las organizaciones ambientalistas en la difusión de información. Greenpeace no es cualquier actor: es una de las ONG con mayor peso mediático global. Cuando una organización de esa magnitud difunde una imagen sin verificación, el daño no es solo reputacional para el gobierno señalado, sino para el propio debate ambiental, que se contamina con datos falsos.
La Presidenta señaló también la intencionalidad política de la imagen. Al hacer coincidir visualmente el derrame con la ubicación de Dos Bocas, la organización daba pie a una lectura que vinculaba directamente la refinería insignia del gobierno con el desastre ambiental. La corrección, aunque publicada, llegó después de que la viralización ya había hecho su trabajo.
El gobierno, por su parte, aprovechó la disculpa para reforzar su narrativa: existe una campaña de desinformación en contra de sus políticas energéticas, y actores internacionales participan en ella. Sheinbaum no dijo explícitamente que Greenpeace formaba parte de esa campaña, pero la mención a la “intencionalidad” del mapa dejó la sugerencia flotando.
El mapa que Greenpeace difundió como evidencia de una catástrofe no era más que una imagen sin sustento. La organización tuvo que retractarse. La comentocracia que alimentó el escándalo quedó expuesta. Sheinbaum cerró el capítulo con un dato concreto: el gobierno está sobrevolando el Golfo, detectando manchas que antes no estaban en el radar y limpiando el daño real. En el debate ambiental, como en tantos otros, la Presidenta dejó una línea: los datos científicos pesan más que las imágenes virales.