Moscú envía crudo a la isla mientras Washington asegura que no hay cambios en las sanciones; la Casa Blanca desmiente haber dado “luz verde” al suministro.
El barco ya está en puerto. El Anatoli Kolodkin, un petrolero de bandera rusa, llegó este lunes a Matanzas, en el occidente de Cuba. Transporta 740 mil barriles, equivalentes a 100 mil toneladas de crudo. Ahora espera el momento para iniciar la descarga, según confirmó el ministerio de Transporte de Rusia.
La operación no es un hecho aislado. Detrás del cargamento hay un mensaje político explícito. Dimitri Peskov, portavoz de la presidencia rusa, lo dejó claro: “Nos alegra que este cargamento de productos petrolíferos llegue a la isla, mejor dicho, que ya haya llegado en medio de un bloqueo severísimo”. Las palabras del vocero apuntaron directamente a la necesidad energética de Cuba. “Nuestros amigos cubanos necesitan petróleo y sus derivados para el funcionamiento de los servicios básicos para la población como son generar electricidad y prestar atención médica, entre otros”.
Peskov fue más allá. Enmarcó el envío como una obligación moral. “Sin duda, Rusia considera su deber no quedarse al margen y prestar la ayuda necesaria a nuestros amigos cubanos”.
El buque pertenece a Sovkomflot, una empresa sancionada por Washington desde 2024. Partió del puerto ruso de Primorsk el 9 de marzo. Su arribo a aguas cubanas ocurre en un contexto de declaraciones cruzadas entre Moscú y la Casa Blanca.
El domingo, Donald Trump había afirmado sobre el envío: “no me importa que Cuba reciba ese crudo”. La frase generó interpretaciones inmediatas. Algunos analistas y reporteros especularon con que Estados Unidos había dado una autorización tácita para el suministro ruso a la isla.
Pero la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, salió este lunes a desmentir esa lectura. “Permitimos que este barco llegara a Cuba para brindar ayuda humanitaria al pueblo cubano, pero las decisiones seguirán tomándose en cada caso particular por las mismas razones humanitarias o de otro tipo”, aclaró. Y subrayó: “No hay ningún cambio sustancial en nuestra política de sanciones”.
Leavitt fue enfática al rechazar la noción de que Washington hubiera dado “luz verde” a Rusia. “No, no es eso lo que dije”, recalcó, cerrando la puerta a cualquier interpretación que sugiriera un relajamiento en el régimen de sanciones contra Moscú o contra La Habana. El mensaje de la administración estadounidense fue preciso: cada caso se evalúa individualmente, y este se justificó bajo el criterio humanitario. Pero la política de fondo, insistió, permanece intacta.
