
La Presidenta aseguró que no presentará denuncias civiles contra cada calumnia; prefiere desmentir “con argumentos, con datos, con verdades” desde la conferencia matutina.
“Imagínense si me dedicara a presentar denuncias civiles por las calumnias”. La frase de Claudia Sheinbaum fue una declaración de estrategia. La Presidenta no va a los tribunales. Va a la mañanera. Allí, dijo, puede desmentir “con argumentos, con datos, con verdades”. Su diagnóstico es contundente: muchos medios de comunicación se administran como medios de propaganda política. Han dejado la búsqueda de la verdad de lado. Y ella prefiere el derecho de réplica antes que la vía judicial.
Sheinbaum dedicó un tramo de su conferencia a explicar por qué no persigue legalmente a los medios que difunden mentiras. “Ni lo hacemos”, dijo. El costo, explicó, sería inmenso. “Imagínense si me dedicara a presentar denuncias civiles por las calumnias que se levantan en medios de comunicación o en redes”. En lugar de eso, eligió un mecanismo distinto: la mañanera.
La Presidenta sostiene que este espacio le permite desmontar la “guerra sucia” en su contra. “En este espacio podemos desmentir con argumentos, con datos, con verdades, calumnias que se presentan”, afirmó. No todas las mentiras merecen atención, matizó. Algunas ni siquiera vale la pena dedicarles tiempo.
Sheinbaum rechazó la acusación de la oposición de que desmentir y debatir es polarizar. “Eso no es polarizar, es simplemente tener el derecho de réplica de la Presidenta de la República”, sostuvo.
La crítica de Sheinbaum al periodismo es sistémica. “Muchos medios de comunicación se administran como medios de propaganda política”, dijo. Según su diagnóstico, esos medios han dejado de buscar la verdad y la objetividad. “Se dedican a la propaganda política contra el gobierno de México porque no coinciden con nosotros”, afirmó.
La Presidenta puso un ejemplo: noticias de ocho columnas que se presentan como información pero que, en su lectura, son propaganda. “Se hace noticia lo que es una propaganda política”, aseguró. La mañanera, entonces, es un contrapeso.
Sheinbaum también especuló sobre un escenario hipotético: “¿Qué pasaría si no existiera la mañanera para que no pudiera aclarar calumnias que se vuelven virales en la red?”. La pregunta implica que, sin la conferencia matutina, la desinformación quedaría sin respuesta.
El elemento más crítico de esta postura es la renuncia explícita a la vía judicial. Sheinbaum dice que no tiene tiempo ni interés en presentar denuncias civiles. Prefiere la mañanera. Eso significa que los medios que ella considera propagandistas nunca enfrentarán consecuencias legales. Su único castigo es ser desmentidos en vivo.
La afirmación de que desmentir no es polarizar es discutible. La oposición sostiene que la mañanera es un espacio de propaganda gubernamental. Sheinbaum responde que es su derecho de réplica. La línea entre uno y otro es fina.
La Presidenta también dijo que algunas mentiras “ni siquiera vale la pena dedicarles tiempo”. La decisión de cuáles desmentir y cuáles ignorar es política. Sheinbaum elige sus batallas.
Sheinbaum dijo que muchos medios son propaganda política. Dijo que no presentará denuncias civiles. Dijo que prefiere la mañanera para desmentir “con argumentos, con datos, con verdades”. Aseguró que desmentir no es polarizar, sino ejercer su derecho de réplica. “¿Qué pasaría si no existiera la mañanera?”, preguntó. La respuesta implícita es que la guerra sucia quedaría sin respuesta. Por ahora, la conferencia matutina sigue siendo su tribuna.