Trump arremete contra el Papa: “Débil y terrible”

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El presidente de EE.UU. califica a León XIV como blando en delincuencia y malo en política exterior tras críticas pontificias a la ofensiva en Irán y las políticas migratorias.

No fue un desacuerdo teológico. Fue un ataque directo. Donald Trump llamó “débil” al Papa León XIV en materia de delincuencia. Y “terrible” en política exterior. La respuesta del mandatario estadounidense llegó este 12 de abril, después de que el pontífice se atreviera a cuestionar dos de sus políticas más sensibles: la ofensiva militar en Irán y el trato a los migrantes.

El líder católico había sido tajante. Calificó como “inaceptable” la amenaza de destruir la civilización iraní. También reflexionó sobre el sufrimiento de las personas migrantes en territorio estadounidense. Trump, en una publicación en redes sociales, no ocultó su disgusto. Y luego, ante medios, remató: no es “un gran admirador” del líder de la Iglesia católica.

El punto de tensión no es solo verbal. Tiene imágenes. La Casa Blanca publicó en su cuenta oficial de X un video que mezcla escenas de películas de acción con imágenes reales de los ataques contra Irán. El cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, lo calificó como “repugnante”. Su argumento: una guerra real, con muerte real y sufrimiento real, siendo tratada como si fuera un videojuego.

—Más de mil hombres, mujeres y niños yacían muertos tras días de bombardeos con misiles estadounidenses e israelíes —denunció el purpurado durante la conferencia internacional por la paz “A Call to Conscience”, donde el sábado 7 de marzo fue leído el mensaje del Papa.

Las críticas del Papa no se limitaron a Irán. También ha cuestionado la política migratoria de Trump, señalando que ha generado temor entre comunidades migrantes y afectado la vida cotidiana en parroquias. Líderes religiosos en Estados Unidos han respaldado esa postura, advirtiendo sobre el clima de miedo que se ha instalado.

El enfrentamiento trasciende a dos hombres. Refleja una fractura más profunda: por un lado, la administración estadounidense que defiende sus acciones como necesarias para la seguridad nacional. Por el otro, sectores religiosos y humanitarios que insisten en priorizar los derechos humanos y la protección de la vida.

Trump no es “gran admirador” del Papa. El Papa no es “débil”. La disputa está servida.

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