Nueva ley de cine protege voz e imagen de artistas tras 30 años de lucha

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Claudia Curiel anunció en la mañanera la aprobación de leyes que actualizan el marco del cine, prohíben la clonación de voz sin consentimiento y garantizan el 10% de exhibición en salas.

El cine mexicano no volverá a ser visto como un simple producto comercial.

La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, destacó este miércoles en la Mañanera del Pueblo la aprobación de una batería legislativa que transforma el sector cinematográfico: la nueva Ley de Cine y el Audiovisual y las reformas a las leyes del Trabajo y del Derecho de Autor. El dato que cambia el paradigma: después de más de 30 años, se actualiza el marco legal.

El punto de tensión no es una crisis. Es el fin de una espera. La secretaria explicó que estas legislaciones “parten de la visión de la política de gobierno para fortalecer el sector cultural y proteger los derechos de quienes trabajan con la voz y la imagen”. Y subrayó que representan la culminación de una lucha por parte del sector cinematográfico que data de hace cerca de 30 años.

La aprobación ocurrió en el Senado el pasado 15 de abril. Y la ley de cine, en particular, rompe con el esquema de 1992, cuando se concebía a las obras como producto mercantil. Ahora se enfoca en los derechos culturales: acceso democrático, derecho a la identidad y a la memoria.

El dato más impactante de la nueva ley es doble. Primero: reconoce al cine como un ecosistema complejo más allá de la “película” tradicional, incluyendo otros soportes, circulación alternativa y cadenas de producción más amplias. Segundo: consolida el 10% de exhibición en salas, exige horarios equitativos y un mínimo de 14 días en cartelera. También garantiza visibilidad en plataformas digitales con una sección relevante de fácil acceso.

La ley incorpora un enfoque de derechos culturales, inclusión y libertad creativa. Confirma el compromiso del Estado con el fomento al cine, incluye al FOCINE en la Ley y establece su crecimiento progresivo. Además, introduce derechos de los espectadores con acceso inclusivo a las obras.

Pero el golpe de timón más profundo está en las reformas laborales y de autor. Por primera vez se reconoce la voz y la imagen como elementos protegidos del trabajo artístico. Se prohíbe su uso o clonación sin consentimiento para evitar la sustitución indebida de la labor humana. Se exigen condiciones contractuales claras para usos tecnológicos de la voz y la imagen. Y se distingue entre suplantación indebida y usos legítimos como parodia o sátira.

Curiel fue precisa: “Esto sirve para proteger la fuente de trabajo de intérpretes, actores y voces profesionales para evitar que la tecnología sustituya de forma indebida la labor humana”. Hasta ahora, los actores y actrices de voz laboraban sin una contratación estable. Eso cambia.

La Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas celebró la aprobación. Consideró que es “una señal positiva para el fortalecimiento e impulso de la industria cinematográfica y la construcción de mejores condiciones de acceso, circulación y exhibición”.

El cierre del relato es histórico: la última ley de cinematografía era de 1992, otro país, otro modelo. La nueva Ley Federal de Cine pone en el centro los derechos culturales, la voz humana como herramienta artística única e irrepetible, y el deber del Estado de fomentar sin condicionar. Después de 30 años, el cine mexicano tiene un nuevo marco.

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