El presidente estadounidense declaró que no quiere prorrogar la tregua de dos semanas; acusó a Teherán de violar el alto el fuego y mantiene bloqueo en el estrecho de Ormuz.
El reloj está por vencer. La tregua expira el 22 de abril. Y Donald Trump fue claro: no quiere extenderla.
“Bueno, no quiero hacerlo”, dijo a la cadena CNBC. Horas antes de que termine el cese del fuego de dos semanas que EEUU e Irán anunciaron el 8 de abril. El presidente estadounidense lanzó una advertencia sin filtros: si Teherán no llega a un acuerdo, los bombardeos se reanudarán.
La posición de Washington, afirmó Trump, es muy sólida. Y espera un “gran acuerdo”. Irán, sentenció, “no tiene otra opción”.
Pero el panorama es tenso. En Truth Social, su plataforma, Trump ya acusó a Irán de haber violado el alto el fuego en numerosas ocasiones. La acusación llegó poco antes de su declaración a CNBC.
El punto de tensión más crítico no es solo la amenaza. Es el bloqueo. Días después del anuncio de la tregua, Trump declaró el bloqueo del estrecho de Ormuz. Una vía crucial para el comercio global de hidrocarburos. La medida afecta a cualquier buque que entre o salga de puertos iraníes.
Y la presión no para. El 19 de abril, Trump anunció que una delegación estadounidense viajaba a Pakistán para conversar sobre Irán. El mismo día, la Armada de EEUU interceptó un barco mercante iraní en el norte del mar Arábigo. Abordaron la embarcación.
La reacción de Irán fue inmediata. Protestaron. Y advirtieron: el bloqueo del estrecho de Ormuz obstaculiza la continuación de las negociaciones. Medios iraníes afirmaron que Teherán no enviará su equipo negociador a Islamabad mientras EEUU mantenga el bloqueo naval.
La tregua de dos semanas se agota. Trump no quiere más pausas. Quiere un acuerdo. O bombardeos. Irán, por su parte, condiciona cualquier diálogo al levantamiento del bloqueo.
El cierre es una cuenta regresiva. Sin prórroga. Sin margen. La pregunta flota en el aire: ¿habrá guerra o negociación?
