Incorporación de vacuna contra virus sincicial respiratorio marca innovación global mientras gobierno federal busca incrementar cobertura en 32 estados con esquema vitalicio
Todo mayo. Doce semanas de gestación. Ochenta por ciento menos riesgo. Tres cifras que definen la estrategia sanitaria más ambiciosa del año.
David Kershenobich, secretario de Salud, confirmó la ampliación de la Semana Nacional de Vacunación 2026: lo que inició como un despliegue del 25 de abril al 12 de mayo ahora cubre todo el mes, con el propósito de reforzar la cobertura de esquemas en toda la población. La decisión responde a una premisa clara: la vacunación constituye la medida preventiva más eficaz contra enfermedades, incluso aquellas de naturaleza neoplásica.
La reconstrucción del operativo revela una logística de alcance nacional. Desde el 25 de abril hasta el 2 de mayo, 32 estados activaron puntos de aplicación donde cualquier persona puede recibir sus dosis, independientemente de su sitio de afiliación. El Programa de Vacunación federal, subrayó Kershenobich, cubre todas las etapas de la vida, desde el nacimiento hasta la adultez mayor.
El punto de innovación médica: la incorporación de la vacuna contra el virus sincicial respiratorio al esquema nacional. Dirigida a mujeres embarazadas entre las semanas 32 y 36 de gestación, esta dosis opera como escudo dual: protege a la madre y transfiere anticuerpos al recién nacido, aumentando entre cinco y siete veces las defensas, reduciendo en más del 80% el riesgo de enfermedad grave y en cerca del 70% las hospitalizaciones.
La urgencia epidemiológica justifica la inversión. Esta infección representa la más frecuente en neonatos, especialmente en prematuros; en la temporada anterior se registraron 2,209 casos. Kershenobich destacó que se trata de una innovación global: pocos países disponen de esta vacuna, cuyo precio es mayor, pero priorizó la modernización del sistema y la protección a lo largo de toda la vida.
Un detalle crítico: los menores que nazcan de mujeres vacunadas contarán con protección contra influenza, enfermedad para la cual no pueden recibir dosis propia hasta los seis meses de edad, periodo de alta vulnerabilidad.
El esquema por edades se despliega con precisión quirúrgica. Menores de un año reciben hepatitis B, rotavirus e influenza; a partir del primer año se suman sarampión, neumococo y hepatitis A; antes de los 8 años se completa el esquema base, mientras que desde los 5 años se contempla COVID-19 para población de riesgo. En adolescentes se refuerza la vacuna contra el virus del papiloma humano, clave para prevenir cáncer cérvico-uterino. Adultos y adultos mayores priorizan refuerzos contra sarampión, influenza, neumococo y COVID-19.
En la última semana, se aplicaron 916,258 dosis en todo el país. Esta cifra opera como termómetro del esfuerzo colectivo: cada aplicación representa una vida protegida, una familia tranquilizada, un sistema sanitario fortalecido.
Con la extensión a todo mayo y la incorporación de tecnologías preventivas de vanguardia, México valida una estrategia que no solo responde a emergencias, sino que anticipa riesgos. La pregunta que persiste: ¿logrará esta cobertura masiva cerrar brechas históricas en salud pública? Por ahora, cada dosis aplicada escribe una línea de defensa contra enfermedades que, hace décadas, definían el destino de millones.
