
La presidenta atribuye su alto nivel de aceptación a la contención de costos energéticos, consolidando una estrategia de concertación con la banca y el sector gasolinero.
La popularidad de Claudia Sheinbaum, que supera la barrera del 70% a nivel nacional y la posiciona como referente en el panorama latinoamericano, tiene una explicación operativa según la mandataria: la gestión directa sobre el bolsillo de los ciudadanos. En un mensaje contundente sobre los resultados de su administración, la jefa del Ejecutivo federal vinculó este respaldo ciudadano a los acuerdos logrados para frenar la inflación en los combustibles.
El eje central de este anuncio es una reducción significativa en el costo del diésel. Tras semanas de negociaciones, el gobierno federal logró que el energético descienda a 27 pesos por litro a partir de la próxima semana. La trayectoria del precio ilustra el alcance de la gestión: hace apenas tres semanas, el combustible rondaba los 30 pesos, una cifra que fue reducida primero a 28.5 pesos mediante incentivos fiscales de la Secretaría de Hacienda.
La baja definitiva a 27 pesos fue resultado de una mesa de diálogo sin precedentes con gasolineros, Pemex, la Secretaría de Energía y el sector financiero. Sheinbaum reveló que, además de los apoyos gubernamentales, se lograron reducir comisiones bancarias y costos por el uso de vales, eliminando sobrecargos que afectaban el precio final.
“Si no hubiéramos hecho todos estos acuerdos, estaría sobre 35 pesos el litro”, advirtió la mandataria. Este movimiento forma parte del denominado “Plan México”, cuya directriz es clara: sostener el empleo, proteger los ingresos familiares y mitigar cualquier choque inflacionario. Para Sheinbaum, este modelo de colaboración entre el Estado y la iniciativa privada es la razón fundamental detrás de su legitimidad en las encuestas, una muestra de que el trabajo enfocado en el beneficio social sigue siendo la prioridad de su gobierno.