Ormuz en llamas: el frágil alto el fuego entre EE.UU. e Irán que podría estallar en cualquier instante

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Dos versiones opuestas, tres destructores bajo fuego y una tregua que Trump insiste en defender mientras el estrecho más estratégico del mundo arde.

Tres destructores de la Marina estadounidense cruzaban el estrecho de Ormuz cuando comenzó el caos. Lo que siguió fue un intercambio de ataques que ninguna de las dos potencias quiere reconocer como lo que realmente fue: una ruptura, aunque sea parcial, del alto el fuego que ambas partes necesitan sostener.

Ocurrió en la transición del jueves al viernes. El escenario fue el estrecho que controla el paso de una parte considerable del petróleo mundial. Y las narrativas que emergieron de Washington y Teherán no podrían ser más contradictorias.

La versión iraní, difundida por la agencia estatal IRIB News, señala que fue Estados Unidos quien disparó primero. Según el portavoz del Cuartel General Central Jatam al Anbiya, Ebrahim Zolfaghari, las fuerzas norteamericanas atacaron dos buques civiles iraníes: uno que navegaba desde la zona de Jask hacia el estrecho, y otro que ingresaba por el lado del puerto de Fuyaira, en Emiratos Árabes Unidos. La denuncia va más lejos: esos mismos bombardeos habrían impactado zonas costeras cercanas a los puertos de Khamir y Sirik, y alcanzado la isla de Qeshm.

El CENTCOM lo niega todo. El Mando Central estadounidense sostiene que fueron las fuerzas iraníes las que abrieron fuego primero: misiles, drones y lanchas rápidas convergieron contra el USS Truxtun, el USS Rafael Peralta y el USS Mason. La declaración oficial concluye que ninguno de los tres fue alcanzado. “El CENTCOM no busca una escalada, pero se mantiene posicionado y listo para proteger a las fuerzas estadounidenses”, señaló el comunicado.

Dos relatos. Un mismo estrecho. Ningún ganador evidente.

Donald Trump tomó distancia del abismo. A pesar de la noche de fuego, el presidente insistió en que la tregua “sigue en vigor” y que las conversaciones diplomáticas avanzan. Una declaración que, en cualquier otro contexto, resultaría difícil de sostener.

Pero hay una lógica detrás del empeño en mantener viva la tregua, y no solo en el lado estadounidense.

Maxim Gabrielian, analista del Instituto de Economía y Estrategia Militar Mundial de la Escuela Superior de Economía de Moscú, ofrece una lectura descarnada del episodio. Según su análisis, el choque fue una acción puntual donde cada parte buscó “salvar las apariencias”. Washington intentó modificar el equilibrio existente en Ormuz a través de su operación Proyecto Libertad. Irán, ante el riesgo de quedar debilitado en términos de imagen, respondió con un ataque propio. EE.UU. replicó. Y técnicamente, ambos permanecen donde estaban.

El analista identifica dos razones de peso para que Washington no quiera que la situación se desborde ahora mismo. La primera: el calendario electoral. La campaña para renovar el Congreso estadounidense ya comenzó, y una escalada bélica podría erosionar las posiciones del Partido Republicano, que ya enfrenta perspectivas complicadas en la Cámara de Representantes. La segunda razón es geopolítica: Trump no quiere llegar con el escenario iraní encendido a su próxima reunión con el presidente chino Xi Jinping. Gabrielian recuerda que el primer ataque contra Irán, a finales de febrero, estuvo en parte relacionado con la estrategia de contención hacia Pekín.

Irán, por su lado, tampoco puede permitirse una guerra abierta. El régimen necesita demostrar músculo sin cruzar el umbral que desencadenaría una respuesta devastadora.

El resultado es un equilibrio tan precario como peligroso. La tregua sigue en vigor, según Trump. Pero la noche del jueves demostró que esa tregua puede romperse con dos buques y tres destructores en el punto más vigilado del planeta.

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