El abordaje del último navío a 119 millas de la costa sella una operación militar con denuncias de agresiones armadas.
Un buque prisión operado por las fuerzas de Tel Aviv es el destino actual de centenares de civiles de múltiples nacionalidades tras el colapso definitivo de la incursión marítima que pretendía romper el cerco sobre la Franja de Gaza. El epílogo de este desafío civil ocurrió a 119 millas náuticas de su meta, cuando unidades de la marina israelí tomaron por la fuerza el Lina Al Nabulsi, la última embarcación que permanecía en ruta activa. Con esta acción, el Gobierno israelí clausura de forma contundente un despliegue humanitario que movilizó más de medio centenar de barcos en aguas internacionales.
Los organizadores de la travesía, entre los que figuran la Coalición de la Flotilla por la Libertad de Gaza y la Global Sumud Flotilla, han calificado la intercepción masiva como un secuestro en masa. La cifra de personas bajo custodia militar supera los 400 voluntarios, procedentes de 45 naciones distintas, cuyo paradero exacto y estatus legal permanecen en la opacidad. Según la versión de los colectivos civiles, los detenidos están siendo concentrados en plataformas navales de reclusión con rumbo al muelle de Ashdod, donde enfrentarían confinamiento prolongado antes de su inminente expulsión del territorio.
El asalto final de este martes 19 de mayo fue el cierre de una ofensiva que comenzó un día antes, cuando el ejército israelí neutralizó el grueso de la expedición al detener más de 30 botes. A pesar del golpe inicial, un remanente de aproximadamente diez barcos con 70 tripulantes a bordo intentó mantener el rumbo fijado hacia el enclave palestino, siendo doblegados sistemáticamente por las patrulleras militares en alta mar.
El nivel de confrontación alcanzó cotas críticas durante las maniobras de intercepción. Los testimonios de los activistas acusan a las dotaciones de guerra del ejército de haber empleado armamento contra cinco de las embarcaciones de ayuda, además de propiciar una colisión deliberada contra otra de las naves del convoy. Estas acciones bélicas se ejecutaron contra tripulaciones compuestas por personal no combatiente y desarmado.
La parálisis informativa que rodea a los más de 400 tripulantes mantiene en vilo a las organizaciones internacionales. El operativo militar israelí ha demostrado una política de tolerancia cero frente al activismo marítimo, utilizando la fuerza para disuadir cualquier intento de vulnerar sus perímetros de exclusión y dejando claro que el control de las aguas de acceso a Gaza no está sujeto a excepciones humanitarias.
