Sheinbaum le pone límites a Washington: soberanía no es negociable en operativos conjuntos

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Cuauhtémoc, Ciudad de México, México, 22 de mayo de 2026. La doctora Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta Costitucional de los Estados Unidos Mexicanos en conferencia de prensa matutina “Conferencia del Pueblo”, en el Salón Tesorería de Palacio Nacional. La acompañan Ana Valdez, presidenta y directora ejecutiva de Latino Donor Collaborative; Maria Lorena Ramírez, atleta de alto rendimiento originaria de Guachochi, Chihuahua; Mirna Beatriz de la Cruz, “Estrellita”, atleta y coordinadora de “México Imparable”; Miriam Morales Fernández, atleta y embajadora de “México Imparable” y Bulmaro Juárez, conductor de la sección “Suave Patria”. Foto: Carlos Ramos Mamahua / Presidencia

La Presidenta mexicana dejó en claro ante el jefe de Seguridad Nacional de EE.UU. que la Constitución marca el techo de cualquier colaboración binacional en territorio mexicano.

La Constitución no se negocia. Ese fue el mensaje central que la Presidenta Claudia Sheinbaum transmitió a Markwayne Mullin, titular del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, durante un encuentro que la mandataria calificó como bueno y productivo, pero que tuvo un eje inequívoco: México coordina, no se subordina.

El encuentro, revelado durante la conferencia mañanera del 22 de mayo, puso sobre la mesa un principio que Sheinbaum consideró necesario reiterar con toda claridad: las operaciones conjuntas en suelo mexicano están prohibidas por el marco legal y constitucional del país. No como postura política coyuntural, sino como límite jurídico inamovible.

La distinción que planteó la Presidenta fue precisa y deliberada. Coordinación sí. Subordinación, no. Esa diferencia, aparentemente semántica, encierra una definición de fondo sobre el tipo de relación que México busca mantener con su vecino del norte en materia de seguridad. Sheinbaum lo resumió con una frase que sintetiza la postura de su gobierno: la colaboración entre ambas naciones es mejor cuando se construye desde el respeto mutuo a las soberanías, y eso beneficia a los dos países por igual.

Mullin, por su parte, salió del encuentro habiendo reconocido el trabajo que las autoridades mexicanas han realizado en el ámbito de la seguridad. Ese reconocimiento, mencionado por la Presidenta durante su conferencia, no es menor en el contexto de las tensiones recientes entre los dos gobiernos.

Pero Sheinbaum no cerró la agenda en ese punto. Propuso a Mullin intensificar la frecuencia de las reuniones del mecanismo de entendimiento en materia de seguridad. La siguiente cita ya tiene fecha y sede: junio, en México. La decisión de realizarla en territorio nacional tiene su propia carga simbólica.

Hay otros pendientes en la agenda bilateral. La reunión con Sarah Carter, directora de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de Estados Unidos, quedó pospuesta para junio por razones de agenda. Y el 27 de mayo está marcado en el calendario como la fecha en que arrancará formalmente el proceso de revisión del T-MEC, con el encuentro entre Sheinbaum y el representante comercial estadounidense Jamieson Greer.

La Presidenta también dejó asentado un principio más amplio que trasciende el encuentro con Mullin: el Gobierno de México actúa frente a cualquier política o práctica discriminatoria que afecte a ciudadanos mexicanos, desde una postura de hermandad entre los pueblos.

El mensaje del 22 de mayo no fue solo diplomático. Fue una declaración de principios emitida desde la tribuna más visible del gobierno mexicano, dirigida tanto a Washington como a la opinión pública interna: México dialoga, pero desde sus propias reglas.

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