
La presidenta reveló el préstamo nunca aclarado de Raúl Salinas que financió la compra de Imevisión y señaló los impuestos no pagados como raíz de los ataques mediáticos.
Un préstamo de más de 29 millones de dólares. Procedencia nunca aclarada. Beneficiario: Ricardo Salinas Pliego. Origen del dinero: Raúl Salinas de Gortari, hermano del entonces presidente de la República. Ese es el cimiento sobre el que se levantó TV Azteca —y ese fue el dato que la presidenta Claudia Sheinbaum puso sobre la mesa este martes en su conferencia mañanera.
No fue un detalle menor. Fue la pieza central de una narrativa que la mandataria construyó para explicar algo que, a su juicio, va mucho más allá de una disputa política: la razón de fondo por la que la señal del Ajusco lleva años lanzando lo que ella describió como una ofensiva de mentiras contra el gobierno federal.
Todo comenzó en 1993. La administración de Carlos Salinas de Gortari puso en venta Imevisión, la televisora estatal. Salinas Pliego se convirtió en el comprador. La operación fue posible, según Sheinbaum, gracias a los fondos que Raúl Salinas —hermano del presidente— le facilitó al empresario. Décadas después, el origen de ese dinero sigue siendo una pregunta sin respuesta oficial. “Siguen hasta la fecha los cuestionamientos de dónde salió el recurso”, enfatizó la presidenta.
La mandataria retomó así la polémica que ella misma había abierto la víspera, cuando pidió directamente a la ciudadanía no sintonizar TV Azteca. La reacción no se hizo esperar: prácticamente toda la mesa de analistas del canal y el propio Salinas Pliego salieron a denunciar censura gubernamental. Sheinbaum lo rebatió sin concesiones. Señaló que su recomendación no obedece a ningún cálculo político, sino a un principio constitucional: el derecho de las audiencias a acceder a información veraz. Y ese derecho, sostuvo, aplica incluso cuando la concesión está en manos privadas.
“Desde esa televisora hay una ofensiva contra el gobierno de México, con muchas mentiras”, afirmó, dejando claro que la crítica no es al ejercicio periodístico sino a lo que consideró desinformación sistemática.
Pero la revelación más contundente llegó al cierre. Sheinbaum desentrañó lo que, a su lectura, explica la animadversión del empresario hacia la Cuarta Transformación: una deuda fiscal que data de 2008 y que Salinas Pliego apenas comenzó a saldar ante el SAT. El momento en que el fisco lo llamó a cuentas, argumentó la presidenta, coincidió con la escalada de ataques mediáticos. “Eso no le gustó a quien tiene la televisora y entonces se decidió, desde la televisora, atacar al gobierno”, sentenció.
La secuencia que trazó Sheinbaum es diáfana: una adquisición cuestionada, una deuda de años sin pagar, y una estrategia comunicacional que —según la presidenta— persigue proteger intereses empresariales bajo el disfraz de la libertad de prensa. La audiencia que mañana encienda ese canal, dijo implícitamente, debería saberlo.