La presidenta señala financiamiento externo en el caso Mexicanos Contra la Corrupción y advierte: “los mexicanos somos quienes decidimos”.
Una elección podrá ser anulada si llega dinero o influencia desde fuera. Esa es la letra de la reforma constitucional que ya cruzó la Cámara de Diputados. Y este jueves, Claudia Sheinbaum salió a defenderla con un argumento que no es abstracto: puso nombre y apellido.
“Se demostró en el caso de Mexicanos Contra la Corrupción, que fueron financiados por instituciones de Estados Unidos a través de la embajada”, declaró la presidenta durante su conferencia matutina del 28 de mayo. La frase cayó como un misil en el debate político. No era una hipótesis, aseguró. Era un hecho del pasado. Financiamientos externos con fines políticos ya existieron. Por eso, dijo, se necesita una regulación más clara.
La modificación constitucional incorpora la injerencia extranjera como causal de nulidad electoral. Su objetivo, explicó la mandataria, es blindar la soberanía. Que las urnas hablen mexicano. Nada más. “En la circunstancia actual con esta ofensiva que estamos viendo desde fuera —advirtió— es muy importante que quede claro que los mexicanos somos quienes decidimos”.
Pero la reforma no está terminada. Sheinbaum lo reconoció sin ambages. La Constitución ya contiene la figura, pero falta la letra chica. “Ahora es importante que se regule —explicó—; entiendo que queda la aprobación en la Constitución pero tiene que venir la ley; en la ley tiene que especificarse los detalles de cómo se revisaría, si realmente hubo intervención extranjera o no”. Mecanismos específicos, leyes secundarias, procedimientos de verificación. Todo eso, aún pendiente.
El texto aprobado por los diputados establece un umbral claro: una elección podrá anularse cuando exista participación o financiamiento extranjero destinado a influir en campañas, candidatos o resultados. La oposición ya reaccionó con dureza. La acusación: la reforma es una herramienta a medida de Morena para judicializar comicios futuros y garantizar su permanencia en el poder.
Sheinbaum no tardó en responder. “Es falso”, sentenció. Y lanzó una convocatoria inesperada: construir un consenso nacional para impedir cualquier tipo de intervención externa en los procesos democráticos. El llamado, sin embargo, choca con la desconfianza de quienes ven en esta reforma un caballo de Troya electoral. La pregunta que flota es si la ley secundaria logrará disipar las dudas o si, por el contrario, abrirá una nueva grieta en el sistema democrático mexicano.
