La derecha financia las mentiras, acusa Sheinbaum desde la mañanera

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Cuauhtémoc, Ciudad de México, México, 28 de mayo de 2026. La doctora Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos en conferencia de prensa matutina “Conferencia del Pueblo”, en el Salón Tesorería de Palacio Nacional. La acompañan David Kershenobich Stalnikowitz, secretario de Salud; Eduardo Clark, subsecretario de Integración y desarrollo del sector salud; Angélica Noemí Juárez Pérez, Subsecretaria de Educación Básica y encargada de la sección “Mujeres en la Historia”; Miguel Ángel Elorza Vásquez, coordinador de Infodemia y representantes empresariales de la industria farmaceutica: ABBOTT, BRISTOL MYER SQUIB, Laboratoris Kener, Grupo Neolpharma, Opella, Laboratorios Liomont, Sanofi y Bayer México. Foto: Saúl López / Presiodencia

La presidenta señala una campaña orquestada de noticias falsas tras perder “privilegios” como no pagar impuestos o el rescate por Fobaproa.

No es espontáneo. No es casual. Es financiado, orquestado e impulsado. La presidenta Claudia Sheinbaum lanzó este jueves un diagnóstico sin ambages sobre las campañas de desinformación que, según ella, golpean a su gobierno. El blanco: la derecha. La causa: los privilegios perdidos.

La pregunta vino del periodista César Huerta. Quería saber si existía evidencia de que el golpeteo político contra la 4T era orquestado por personajes y medios específicos. Sheinbaum no solo respondió que sí. Fue más allá. Recordó un episodio que, a su juicio, destapó a los actores: la “farsa” de la marcha de la supuesta generación Z. Allí, dijo, se identificó a quienes hoy impulsan nuevas campañas de odio. Y muchos, añadió, están montados en la derecha internacional.

El desglose de la mandataria fue implacable. “Está en contra de cualquier gobierno que defienda su pueblo”, afirmó. Y enumeró: la derecha no defiende a los pueblos, defiende los intereses de los poderosos, el autoritarismo, la idea de que el pobre es pobre porque no trabaja, la supremacía de unos sobre otros, la libertad del mercado por encima de la libertad del individuo.

Sheinbaum no se detuvo ahí. Fue al origen del malestar: los privilegios arrancados. “No les gustan los gobiernos humanistas —sentenció— porque perdieron sus privilegios”. Y entonces vino la lista que sonó a ajuste de cuentas histórico: el privilegio de no pagar impuestos, el privilegio de gobernar sin haber sido electos, el privilegio de recibir dinero por hablar bien del presidente o presidenta en turno, y el privilegio de haber sido rescatado por el Fobaproa.

El Fobaproa. El nombre resonó como una herida aún abierta. El rescate bancario que, para muchos, simboliza la complicidad entre el poder económico y el político en los años neoliberales. Sheinbaum lo puso en la mesa como una de las prebendas que la derecha ya no tiene.

Frente a ese diagnóstico, la presidenta definió su propio espacio. Dijo que su gobierno y la 4T son humanistas. Y que por encima de cualquier cosa, creen en el poder del pueblo de México. La frase final fue un cierre político: no es una guerra mediática, es una lucha entre dos concepciones del poder. Una, la del privilegio. Otra, la del pueblo.

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