Bombardeos y presión: Trump negocia operaciones militares en Guatemala

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El presidente Arévalo confirma “cooperación” pero niega ataques conjuntos; una fuente revela que Washington ofreció “televisar” bombardeos para forzar a México.

La oferta llegó clara: seleccionen uno o dos lugares, hacemos bombardeos y lo televisamos todo. La respuesta de Guatemala fue un muro. “No va a pasar”. La revelación, hecha por una fuente del gobierno guatemalteco que habló bajo anonimato, destapa las entrañas de una negociación que Washington ha mantenido en silencio durante dos meses. Y que este jueves, el presidente Bernardo Arévalo salió a matizar.

The New York Times había dado por cerrado un acuerdo entre ambas capitales para lanzar ataques conjuntos en territorio guatemalteco contra bandas dedicadas al narcotráfico. La fuente era anónima, pero la Casa Blanca no lo desmintió. Arévalo, en conferencia, confirmó una parte: “Lo que hemos hecho es solicitar al Gobierno de Estados Unidos la cooperación para apoyar estas operaciones lideradas por las fuerzas de Guatemala”. Apoyo, dijo, en equipo, capacitación y expertos para planificación táctica y estratégica. Nada de tropas estadounidenses sobre el terreno.

Pero la fuente del gobierno guatemalteco fue más lejos. Contó que el Departamento de Defensa de EE.UU. ha ejercido “una gran presión” durante dos meses. “Lo que nos ofrecieron es seleccionar uno o dos lugares para hacer bombardeos y televisarlo todo. Pero hemos sido claros en que eso no va a pasar. No puede operar una fuerza militar estadounidense en el país, simplemente porque es inconstitucional”. Las conversaciones, agregó, han sido continuas y encabezadas por el ministro de Defensa guatemalteco, Henry Saenz, e incluso por Arévalo. Pero no ha habido ni una sola reunión para afinar términos. “No se van a permitir misiones militares”, zanjó.

Saenz, en declaraciones a la prensa, fue contundente: “No se ha pedido que vengan militares a participar en las operaciones. Y no vamos a cambiar la línea”.

El trasfondo de la negociación es una agresiva política de Trump en América Latina. Ejecuciones extrajudiciales de tripulantes de narcolanchas en el Caribe y el Pacífico (al menos 190 hasta la fecha). Bombardeos en Ecuador. Y ahora, un tablero que se mueve pieza por pieza. Washington ya arrancó un compromiso militar a Ecuador. Corteja a Honduras tras la victoria de su candidato predilecto, Nasry Asfura. Y cuenta con el apoyo de Nayib Bukele en El Salvador.

El cálculo, según fuentes diplomáticas en Washington, es que esa presión obligue a México a aceptar un esquema de operaciones conjuntas. Tropas sobre el terreno. Ataques con drones. Opciones que la presidenta Claudia Sheinbaum ha rechazado con vehemencia. La presión se ha acompañado de medidas insólitas: la imputación del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, y de otros nueve funcionarios, acusados de colusión con el cartel de El Chapo.

Ecuador ya firmó su acuerdo con Trump. Poco después de que fuerzas especiales estadounidenses entraran en Caracas y apresaran al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, violando el derecho internacional. Ambos esperan juicio en Nueva York. Daniel Noboa, aliado de Trump, defiende la colaboración mientras en el Capitolio los demócratas exigen suspender las operaciones militares conjuntas.

En Honduras, la paradoja es brutal: Washington presiona al país para que combata el narcotráfico mientras Trump indultó a su expresidente Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años por complicidad en el contrabando de cientos de toneladas de cocaína. Guatemala resiste. Por ahora.

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