Bombas y ultraderecha: Sheinbaum destapa plan para incendiar el Mundial y culpar al gobierno

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Cuauhtémoc, Ciudad de México. 9 de junio 2026. La presidenta constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo en conferencia de prensa matutina en el salón de la Tesorería de Palacio Nacional. La acompañan: Rosa Icela Rodríguez Velázquez, secretaria de Gobernación; Mario Delgado Carrillo, secretario de Educación Pública; Roberto Velasco Álvarez, secretario de Relaciones Exteriores SRE; Luisa María Alcalde, consejera jurídica del Ejecutivo; Foto: Juan Carlos Buenrostro/Presidencia

La mandataria denuncia que la interceptación de explosivos y los discursos de violencia buscan generar caos para sabotear la justa.

Casi seis decenas de bombas caseras interceptadas en autobuses con destino a la capital. Ese es el detonante que encendió las alarmas en Palacio Nacional. La mandataria federal conectó los puntos de una supuesta conspiración para sembrar el pánico durante la Copa del Mundo. En su análisis, los extremos se tocan: por un lado, la violencia física de los radicales; por el otro, la incitación mediática.

El blanco de las acusaciones es el magnate de las telecomunicaciones. La jefa del Ejecutivo proyectó en su mañanera fragmentos donde el empresario autodenominado de ultraderecha descalifica las marchas pacíficas y exige mayor rudeza en las calles. Para la presidenta, no es coincidencia que este discurso de odio preceda al hallazgo de los explosivos. El objetivo final, según su investigación, es vender una imagen de caos e inestabilidad ante los ojos del planeta justo cuando el país es sede del torneo orbital.

La estrategia de tensión no es nueva, pero adquiere matices históricos. La titular del Ejecutivo trazó un paralelismo con el fantasma del diez de junio. Recordó que, en mil novecientos setenta y uno, el gobierno de Luis Echeverría utilizó grupos paramilitares para masacrar estudiantes. Hoy, ironizó, los provocadores buscan desesperadamente que el Estado responda con fuerza letal para equiparar a la administración actual con aquella dictadura.

El mensaje es contundente: no caerán en la trampa. El gobierno federal descarta cualquier escenario de represión y garantiza la seguridad de locales y extranjeros. Mientras los explosivos son desactivados en las carreteras, la administración federal mantiene su postura de diálogo, exigiendo que el disenso, incluso el más feroz del magnate, se mantenga estrictamente en el terreno de la paz.

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