La reapertura del paso marítimo estratégico y el fin de las ofensivas aéreas sellarán el blindaje contra el arsenal nuclear.
El paso marítimo más estratégico del planeta volverá a la navegación en cuestión de horas. El inquilino de la Casa Blanca confirmó desde las gradas del Madison Square Garden que las negociaciones con la República Islámica están en su recta final. Un entendimiento histórico, calificado por el propio mandatario como excepcional, blindará a la nación persa contra la fabricación de armamento atómico.
La firma del documento podría materializarse en un lapso de dos o tres jornadas. Con la rúbrica, el bloqueo naval que asfixia los puertos iraníes levantará el telón. Washington prefiere esta táctica de asfixia logística a las incursiones aéreas. El líder norteamericano dejó claro su nulo interés en reanudar los bombardeos, apostando por el estrangulamiento comercial como herramienta disuasoria.
Esta distensión diplomática emerge tras un fin de semana de fuego cruzado. El siete de junio marcó la ruptura de la calma instaurada el ocho de abril. Proyectiles partieron desde suelo persa hacia territorio israelí, rompiendo la tregua vigente. Teherán justificó la ofensiva como represalia ante las incursiones hebreas en el Líbano.
La escalada no terminó ahí. Tras los impactos, la aviación israelí respondió bombardeando la República Islámica. En represalia, las autoridades persas lanzaron una operación militar contra dos enclaves aéreos clave de su adversario: las bases de Tel Nof y Nevatim.
Ahora, con el polvoro aún en el aire, la diplomacia acelera el paso. El objetivo es claro: congelar el programa atómico y reabrir las rutas comerciales, demostrando que la presión económica puede lograr lo que los misiles no consiguieron.
