El primer ministro israelí tuvo que llamar a la Casa Blanca para enterarse del acuerdo que reabrirá el estrecho de Ormuz y congelará el programa atómico bajo supervisión internacional.
El premier hebreo no estaba en la sala cuando se selló el destino de Medio Oriente. Benjamin Netanyahu, perseguido por la Corte Penal Internacional, tuvo que comunicarse con sus contactos en la administración Trump para conocer los detalles del pacto que se cocinaba en las sombras. La exclusión del líder israelí de las negociaciones marca un giro histórico en la geopolítica regional.
El documento, bautizado como Acuerdo de Islamabad, promete una tregua de sesenta días que incluye al Líbano y la reapertura inmediata del estrecho de Ormuz. Las sanciones contra la República Islámica comenzarían a levantarse si Teherán cumple con los términos, y los volúmenes de envío previos a la guerra se restaurarían en un mes.
El núcleo del entendimiento radica en el programa nuclear. Irán se comprometería a no buscar jamás un arma atómica y a resolver el destino de sus reservas de uranio enriquecido. Washington aceptó la exigencia persa de que el material no salga del país, sino que se procese localmente bajo la vigilancia de las Naciones Unidas.
Las conversaciones se fraguaron entre el canciller persa Abbas Aragchi y su homólogo qatarí Ali Al-Thawawdi, quien mantuvo múltiples llamadas con los enviados especiales Steve Witkoff y Jared Kushner. El pacto aborda todos los temas nucleares y satisface los requisitos estadounidenses, según fuentes diplomáticas.
Sin embargo, la tensión persiste. Trump acusó a Teherán de filtrar términos falsos a los medios, calificando al gobierno iraní de “deshonesto” y asegurando que no negocia de buena fe. Aragchi respondió pidiendo a la prensa abstenerse de especular sobre el contenido del documento, prometiendo que todos los detalles se revelarán “a su debido tiempo”.
El acuerdo deja fuera un tema crítico: el destino de miles de millones de dólares en activos iraníes congelados en todo el mundo. Mientras los diplomáticos celebran el entendimiento, la incertidumbre sobre los fondos bloqueados y la exclusión de Israel sugieren que la paz en Medio Oriente sigue siendo un edificio construido sobre cimientos frágiles.
