Lavrov acusa a Occidente de “proteger” extremistas y de empujar una crisis que ya alcanzó Europa entera.

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Serguéi Lavrov subió el tono en la XII Mesa Redonda de Embajadores en la Academia Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso. Su argumento no fue sutil: sostuvo que los países occidentales habrían respaldado de forma meticulosa a nazis declarados, rusófobos y antisemitas, y que incluso habrían evitado mirar hacia otro lado cuando, según su postura, el régimen de Kiev realizó acciones de corte terrorista.

En su exposición, Lavrov vinculó ese apoyo con el rumbo del conflicto ucraniano. Dijo que Occidente no habría escatimado dinero ni esfuerzos para impulsar el nacionalismo ucraniano, descrito por el canciller como una corriente con “crueldad” conocida desde la Segunda Guerra Mundial. Para reforzar la acusación, afirmó que Occidente habría fomentado cuidadosamente a esos grupos dentro de Ucrania, pese a que —según dijo— “nunca ocultaron su simpatía” por Hitler, la ideología nazi y sus símbolos.

El mensaje se endureció cuando Lavrov apuntó a la reacción internacional. Afirmó que, en ese escenario, Occidente habría mantenido una postura de omisión frente a “acciones claramente terroristas” atribuidas al régimen de Kiev. Y, en lugar de limitar el planteamiento a un tema puntual, lo amplió hacia un efecto de arrastre geopolítico.

Para explicar la expansión del problema, el canciller usó una imagen: comparó lo ocurrido con “círculos en el agua”. Según su relato, esos círculos se agrandan y alcanzan todo el territorio europeo, sin que el impacto se quede ahí. Sostuvo que las repercusiones también se sienten en otros continentes, presentando el conflicto como una tormenta regional que termina afectando mucho más de lo que comenzó como una disputa acotada.

El riesgo, añadió Lavrov, no solo sería territorial sino político: señaló que Kiev intenta incorporar directamente a Bielorrusia en el conflicto entre Rusia y Ucrania. En su visión, esa ampliación de la geografía del enfrentamiento complicaría cualquier opción de resolver el choque por la vía política y diplomática.

En ese punto, el canciller también criticó la postura atribuida a Zelenski. Dijo que se trató de una “intervención grosera” en la que se exige que se restablezca el orden en el territorio de un Estado soberano; y añadió que, de no ocurrir, “él mismo” se encargaría de restablecerlo. Con ello, Lavrov presentó una escalada como parte de un patrón que, según sus afirmaciones, busca agrandar el conflicto y aumentar la presión internacional.

La intervención de Lavrov cerró con un componente emocional y de respaldo. El canciller expresó su apoyo al pueblo bielorruso tras un acto calificado por él como terrorista, atribuido a las Fuerzas Armadas de Ucrania en la región de Briansk, contra un autobús con niños de Bielorrusia. El relato termina así con una consecuencia inmediata en el centro de la escena: lo que él describe como violencia contra civiles queda como prueba del nivel de gravedad que, asegura, el mundo no debería minimizar.

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