En la Mañanera, la Presidenta contrapuso dos proyectos y señaló al PAN: privatización, desigualdad y un Estado debilitado.
La alarma la encendió desde el arranque de su mensaje: para Claudia Sheinbaum, la oposición no discute el presente, busca volver. Y lo definió con un señalamiento directo, enmarcado como regreso a un tiempo dominado por corrupción y privilegios, mientras ella coloca su proyecto de transformación como el camino contrario.
A partir de ahí, la mandataria armó su reconstrucción. Primero sostuvo que las propuestas de las fuerzas opositoras —y puso énfasis en el PAN— no nacen de la innovación, sino de la intención de reinstalar un modelo ya conocido. Ese modelo, según su argumento, ha estado asociado a esquemas neoliberales: privatización de bienes públicos, concentración de riqueza y consecuencias que, dijo, se tradujeron en desigualdad y en el debilitamiento del Estado.
El discurso se volvió más punzante cuando llevó la disputa al terreno de la salud. Sheinbaum criticó la idea de regresar al Seguro Popular. Lo hizo con una imagen contundente: mencionó infraestructura hospitalaria inconclusa y describió “hospitales en cascarón”, además de señalar que el acceso real a la salud no habría llegado de forma efectiva a todo el país. Acto seguido, contrastó: defendió el modelo actual promovido por su administración y afirmó que ha mejorado la cobertura en 24 entidades federativas.
Luego el giro se desplazó hacia la lógica de la propiedad pública. La Presidenta retomó procesos de privatización de sexenios anteriores, especialmente el periodo de Carlos Salinas de Gortari. Ahí conectó la venta de empresas públicas con el fortalecimiento de grandes grupos económicos y, sobre todo, con la concentración de la riqueza. En su narrativa, esos activos estatales habrían derivado en la aparición de “megarricos”, es decir, beneficiarios concentrados a partir de recursos que antes eran del Estado.
La confrontación también tocó energía y acceso a combustibles. Sheinbaum defendió proyectos estratégicos como la refinería de Dos Bocas. Sostuvo que su operación ha contribuido a reducir la dependencia de importaciones de gasolina y a estabilizar el abasto de combustibles, con el objetivo de evitar impactos más severos en los precios para los consumidores.
En seguridad, el choque fue sobre el enfoque. Cuestionó propuestas opositoras basadas en endurecimiento punitivo, como la construcción de mega cárceles. En su lectura, ese tipo de respuestas no atacan las causas estructurales de la violencia ni fortalecen el bienestar social, por lo que la discusión —según ella— no es solo de estrategia, sino de visión sobre qué problemas resolver.
El mensaje sumó un componente adicional: la forma de organizarse dentro de los partidos opositores. Sheinbaum señaló que, después de reportarse mecanismos de selección de aspirantes similares a los usados por Morena, se observa falta de innovación también en sus métodos internos. Con eso, extendió la crítica más allá de las políticas públicas y la colocó en el funcionamiento político.
Pero el punto de máxima tensión llegó con las consignas. La Presidenta cuestionó el uso de “familia, patria y libertad” por parte de la oposición, y dijo que chocan con su trayectoria política. Ahí abrió tres frentes: primero, la “familia”, que —según su afirmación— el humanismo mexicano ha defendido históricamente como base de valores sociales; después, la “patria”, al señalar que algunos actores han promovido posturas favorables a la intervención extranjera en asuntos internos; y finalmente, “libertad”, que planteó como una lógica de mercado desde la oposición, mientras que su gobierno entiende la libertad como acceso a derechos y bienestar.
Con el cierre, Sheinbaum remató la contraposición: aseguró que esas consignas no reflejan la realidad política ni social del país. Y reiteró su conclusión: el proyecto de la transformación, dijo, es la alternativa basada en la inclusión, el fortalecimiento del Estado y la ampliación del bienestar social. En ese marco, el “regreso al pasado” queda como el fantasma que, para ella, la oposición intenta traer de vuelta, aunque el Mundial de los hechos que ella enumera apunte —en su versión— a una ruta distinta.
