
Plan federal inyecta recursos a básica, media superior y superior; comunidades escolares decidirán obras con el programa La Escuela es Nuestra.
La mañana arrancó con una cifra que marca tono y escala: casi 59 mil millones de pesos para reforzar la infraestructura educativa en todo el país durante 2026. No es un ajuste menor ni un empujón aislado; el anuncio la coloca como la inversión federal más grande para este propósito, sumando una ruta que busca aterrizar mejoras donde estudian niños y jóvenes.
Claudia Sheinbaum lo presentó como un paquete integral para fortalecer planteles de educación básica, educación media superior y educación superior. En el mensaje a la prensa dentro de su “mañanera”, la presidenta subrayó la idea central: existen programas y acciones orientadas a que el acceso a la educación se sostenga como un derecho.
El desglose de la Secretaría de Educación Pública aporta el mapa del impacto. De acuerdo con Mario Delgado, titular de la SEP, de ese total, 37 mil 715 millones de pesos se destinan a educación básica. Para educación media superior se asignan 10 mil 916.4 millones. Y en educación superior el monto reportado es de 9 mil 783.9 millones.
Pero el corazón operativo de la estrategia no quedó solo en el presupuesto. El texto destaca un pilar: La Escuela es Nuestra. En ese esquema, los recursos se entregan directamente a las comunidades escolares. La decisión sobre en qué se invierte—obras o mejoras—se coloca en manos de madres, padres y docentes, es decir, quienes conviven a diario con las necesidades de los planteles.
La urgencia del plan también se intenta justificar con resultados ya en curso. “Tan solo este año”, el programa ha beneficiado a 71 mil 482 escuelas a nivel nacional, con una inversión social de 22 mil 694 millones de pesos. El planteamiento es claro: mientras se anuncian fondos para 2026, se presenta evidencia de ejecución mediante el alcance acumulado de este año.
Sheinbaum conectó el dato con una meta mayor: garantizar acceso a una educación de calidad y continuar reforzando la infraestructura educativa en beneficio de millones de estudiantes. En esa lógica, el presupuesto no se muestra como gasto, sino como palanca para sostener condiciones para estudiar.
El relato agrega además un origen institucional que funciona como parte de la argumentación. La presidenta recordó que La Escuela es Nuestra nació durante su administración en el Gobierno de la Ciudad de México, y luego fue ampliado a nivel nacional por el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Ese recorrido aparece como la explicación de por qué el programa se habría consolidado como un mecanismo clave: participación directa de comunidades educativas para mejorar planteles.
En conjunto, el anuncio convierte la infraestructura escolar en el eje de una apuesta que busca ser federal, amplia y ejecutable, con una dinámica particular: dinero que baja a comunidades y decisiones que no se quedan en oficinas. La señal final es política y operativa a la vez: el sistema educativo, según el texto base, entra a una fase de expansión material mientras la discusión pública gira hacia la calidad, el acceso y el derecho a estudiar.