Warsh esquiva preguntas clave: IA, Trump y la persistencia de la inflación

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Tras siete semanas en el cargo, el presidente de la Fed promete menos guía, pero evita explicar cómo decidirá ante cambios económicos.

Kevin Warsh llegó a su segundo día de testimonio con un mensaje que, más que calmar, inquieta: no respondería con una hoja de ruta clara sobre tasas, ni bajaría el perfil ante los datos recientes. En el Congreso, senadores buscaron amarrar definiciones concretas sobre un punto: la persistencia de la inflación y el margen real del banco central para reaccionar.

La tensión apareció cuando el interrogatorio se volvió específico. Los senadores preguntaron por el efecto de la inversión masiva en infraestructura ligada a la IA y, con ello, por el tipo de presión que podría reflejarse en los precios. Warsh evitó comprometerse con una lectura lineal. Dijo que un movimiento puntual de precios no implica automáticamente que se trate de inflación, porque —según su enfoque— la oferta tiene un papel determinante. Pero eludir no fue lo mismo que cerrar el tema: afirmó que espera ver aumentos en los precios medidos en los próximos 12 meses, y dejó la consecuencia en manos de la Fed, subrayando que “habrá algo que decir” al respecto.

Ahí se marcó el choque entre lo que el organismo pretende transmitir y lo que los observadores exigen entender. Warsh, desde que asumió hace siete semanas, repitió que entregaría menos orientación sobre los próximos movimientos de las tasas que quienes lo precedieron. Ese cambio de estilo, que en teoría debería abrir espacio a la flexibilidad, terminó generando frustración por otra razón: explicó menos de lo que muchos esperaban sobre cómo abordará, de forma general, eventuales alteraciones en el escenario económico.

Mientras tanto, el contexto externo empujó el cronómetro. En la misma semana del testimonio, se reportaron señales positivas: el gobierno informó que la inflación mayorista se desaceleró en junio; además, se comunicó que los precios al consumidor bajaron de mayo a junio por primera vez en seis años. En términos anuales, la inflación se moderó al 3.5%, frente al 4.2% del mes anterior. Para los legisladores, esos números podían ser una puerta: reducir la urgencia para subir la tasa clave, porque al irse apagando la inflación disminuye la presión sobre el banco central para enfriar el endeudamiento y el gasto.

Warsh reconoció la dirección de los datos, pero no cedió en el fondo. Afirmó que cualquier banquero central se sentiría satisfecho con información que marche en la ruta correcta, aunque insistió en que se trata de medidas imperfectas del componente subyacente de la inflación. Su respuesta no fue diseñar un itinerario de decisiones, sino cambiar el mecanismo: dijo que recurriría a un grupo de trabajo que él mismo ha creado para revisar las fuentes de datos usadas por la Fed.

La otra cara del testimonio fue política, pero sin respuesta directa en el punto más sensible. Warsh reiteró su intención de actuar con independencia como presidente de la Fed y sostuvo que resistiría cualquier presión política atribuida a Trump, quien con frecuencia ha reclamado tasas más bajas. Sin embargo, cuando se pidió claridad sobre contactos posteriores a su nombramiento, Warsh no contestó de manera directa. Ante una pregunta del senador Chris Van Hollen sobre conversaciones con el presidente, contestó que no quería dedicar tiempo a compartir qué intercambios existen entre el mandatario y él. Aun así, sí dejó una línea: insistió en que fueron “elegidos” para colocar a un perfil independiente para ejecutar la tarea, y aseguró que eso es exactamente lo que hará.

El telón de fondo de esa postura no es menor. Trump atacó con frecuencia a Jerome Powell por no recortar las tasas con suficiente agresividad, y su administración impulsó una investigación sobre un breve testimonio de Powell ante el Senado relacionado con una renovación de un edificio de la Fed. Ese episodio, según el ambiente descrito, disparó preocupaciones sobre la independencia del organismo.

En ese marco, Warsh evitó comprometer el futuro inmediato con definiciones que los senadores pedían con urgencia: qué hará exactamente la Fed ante cambios, cómo leerá la inflación que persiste y qué papel tendrá el impacto de la IA en la trayectoria de precios. La respuesta fue una promesa de independencia y un giro hacia herramientas internas; pero para muchos, el resultado fue otro: menos claridad, más preguntas.

Al final del día, la Fed no solo enfrenta el pulso de los datos: también enfrenta la demanda de explicaciones. Y en el Congreso, Warsh no entregó un mapa; entregó límites.

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