Sheinbaum celebra coordinación México-EE.UU.-Canadá: el Mundial como diplomacia

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La presidenta ligó el partido del 19 de julio con el T-MEC, el diálogo político y una relación bilateral “constructiva”.

Claudia Sheinbaum cerró la lectura del Mundial 2026 como una escena política: no solo se trató de un partido, sino de un espacio que mostró coordinación entre México, Estados Unidos y Canadá. Lo presentó como una prueba de que el deporte puede convertirse en puente diplomático, capaz de estrechar lazos y reforzar la relación entre gobiernos.

En la Mañanera del Pueblo, la presidenta detalló el contexto que precedió a su presencia en el encuentro. Dijo que asistió por invitación personal de Donald Trump, su homólogo estadounidense. A partir de ahí, el relato cambió de lo deportivo a lo diplomático: Sheinbaum explicó que, en la final del Mundial 2026 disputada el pasado 19 de julio en Nueva York entre Argentina y España, sostuvo una conversación breve con Trump y con el primer ministro canadiense, Mark Carney.

Ese intercambio —según su versión— se enfocó en un tema que ya aparece en la agenda inmediata: la ruta comercial. Con ese punto sobre la mesa, la conversación ocurrió “previo” al inicio de una nueva revisión del T-MEC en la semana que arrancaba. El énfasis de la mandataria no fue la duración, sino el significado: un momento corto, pero útil, en el que se pudo hablar de agenda y mantener comunicación antes de los tramos por venir.

El clima general, describió Sheinbaum, también ayudó a dar forma a la narrativa. Señaló que todos actuaron con respeto, y que hubo un ambiente de cordialidad. Incluso, remarcó el carácter simbólico del encuentro al subrayar que los gobernantes de los tres países organizadores estuvieron presentes. Con esas palabras, la presidenta convirtió el Mundial 2026 en “ejemplo” de coordinación y lo colocó como algo positivo para el vínculo entre las naciones.

El intercambio no se limitó a los líderes. Sheinbaum añadió que durante el encuentro conversó con funcionarios del gobierno de Estados Unidos. En su recuento aparecieron el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario de Comercio, Howard Lutnick; y el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer. Además, anunció que Greer será recibido en la Ciudad de México esta semana, con el fin de dar continuidad a la agenda comercial. El efecto buscado, entonces, no era solo la conversación de estadio: sería continuidad diplomática y coordinación en el siguiente paso.

Desde ese marco, la presidenta sostuvo que México busca preservar una relación bilateral con Estados Unidos basada en el respeto mutuo, el diálogo permanente y la cooperación en rubros como comercio, seguridad y migración. También enfatizó otro punto recurrente: la protección de las y los mexicanos que viven en territorio estadounidense.

Sheinbaum también marcó un ángulo personal del vínculo. Dijo que mantiene una buena relación con Donald Trump pese a las diferencias que existen entre ambos países en distintos asuntos de la agenda bilateral. El objetivo, afirmó, ha sido conservar una relación constructiva. Con ello, construyó un retrato político de estabilidad: aceptar diferencias, pero evitar que la relación se rompa, y sostener un canal de comunicación que facilite acuerdos.

Para aterrizar esa idea, la mandataria enumeró los principios que —según su gobierno— sustentan la política exterior. Colocó la “buena vecindad” como punto de partida, al señalar que México y Estados Unidos comparten frontera y, por tanto, deben mantener cooperación. Después ubicó la “diplomacia” como método: el diálogo para resolver diferencias. Y remarcó el peso de la “comunidad mexicana en EE.UU.”, al sostener que cerca de 40 millones de mexicanas y mexicanos viven en territorio estadounidense y que por ello resulta indispensable conservar una relación sólida.

Finalmente, Sheinbaum aseguró que la política exterior de México se sostendrá en respeto, reciprocidad y defensa de la soberanía nacional. En contraste, mencionó que administraciones anteriores, como las de Felipe Calderón y Vicente Fox, privilegiaron el “entreguismo”. Así, el Mundial 2026 quedó narrado como algo más que un evento: como una demostración de dirección política, un ejemplo de coordinación y un recordatorio de que el diálogo —incluido el que ocurre en momentos inesperados— busca sostener la relación entre gobiernos y proteger a su gente.

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