Sheinbaum responde con dureza: “odio al pueblo” detrás  de propuestas del PAN

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La presidenta exhibió videos, llamó “retroceso” a la idea de limitar el voto y defendió el sufragio universal como igualdad real.

Claudia Sheinbaum aceleró el tono y puso el debate en modo confrontación: dijo que detrás de las propuestas para restringir el voto existe una lectura “porfirista, conservadora, regresiva y fuera de la realidad”. El blanco fue directo. En su mañanera, la presidenta no se limitó a discutir el tema: mostró materiales audiovisuales donde, según expuso, dos voceros del PAN plantean acotar el derecho al sufragio según nivel de estudios y hasta ajustar el esquema para que el voto se ejerza “por familia”.

El mensaje que construyó fue de contraste y de consecuencias. Primero colocó la discusión donde más pesa: la democracia. A partir de esos señalamientos, Sheinbaum sostuvo que el efecto buscado no es técnico ni gradual, sino un retorno a un modelo de exclusión que, dijo, marcó el pasado y que terminó denigrando al pueblo mexicano. En esa línea, remarcó que no se trata solo de una propuesta electoral, sino de una postura que, a su juicio, reproduce desdén hacia la ciudadanía.

Luego centró el foco en lo que llamó contradicción política. Observó que el PAN presume libertades, pero —según su interpretación— permite que algunos de sus representantes impulsen la reducción de un derecho “fundamental” como el sufragio universal. Ese choque, afirmó, explica por qué el partido no logra ampliar su respaldo. “Insisten en planteamientos alejados de la realidad democrática del país”, dijo, y añadió que por esa misma razón no ven margen para crecer.

En el tramo más tenso, Sheinbaum llevó el debate al terreno moral y de intención. Atribuyó que su lectura es que hay animadversión social: “En el fondo lo que hay es un odio al pueblo”, afirmó, y aseguró que el objetivo sería que una élite gobierne México. Para reforzar el argumento, mencionó que Ricardo Salinas Pliego habría sostenido que quienes reciben programas de bienestar social no deberían votar. Con eso, la mandataria conectó lo que considera una visión autoritaria con el rechazo a las libertades democráticas, y lo presentó como una postura profunda y sistemática.

La presidenta no se quedó únicamente en la crítica. En paralelo, defendió el voto universal con un argumento de igualdad sin matices. Señaló que, en una democracia, el momento de mayor simetría ocurre en la elección: todas las personas tendrían el mismo peso al decidir a sus gobernantes, sin importar condiciones económicas, nivel educativo, edad o lugar de residencia. En su explicación, la balanza se mantiene fija: el voto valdría igual para quien vive en zonas de menor desarrollo y para quien concentra más riqueza; igual para una persona joven y para alguien de edad mayor; igual entre regiones distintas del país.

Cerró con una lectura histórica del fenómeno. Dijo que lo que se observa en este tipo de planteamientos forma parte de una manera de entender la política heredada del conservadurismo. Y para dar forma a la conclusión, citó al escritor Carlos Monsiváis al señalar que “la doctrina del conservadurismo es la hipocresía”. El remate fue claro: para Sheinbaum, restringir el sufragio no es una medida razonable, sino un retroceso democrático que busca cambiar el centro de gravedad de la ciudadanía.

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