Sheinbaum confronta a Calderón: Ruffo, “encuentro” de  denuncias cruzadas

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Cuauhtémoc, Ciudad de México, , México, 21 de julio de 2026. La doctora Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos en conferencia de prensa matutina “ Mañanera del Pueblo” en el Salón Tesoreria de Palacio Nacional. Foto: Carlos Ramos Mamahua / Presidencia

Entre tuits de 2017 y la captura reciente por huachicol fiscal, la mandataria acusa contradicción y reabre la disputa política.

Claudia Sheinbaum usó su conferencia para exhibir una contradicción que el expresidente Felipe Calderón intentó sostener en público: el caso de Ernesto Ruffo Appel. La presidenta enfrentó, punto por punto, lo que Calderón dijo en 2017 sobre Ruffo, cuando entonces lo presentaba como cercano al crimen organizado y lo criticaba con desdén personal.

El blanco del señalamiento fue una secuencia de mensajes del propio Calderón. Durante su conferencia, Sheinbaum proyectó tuits del exmandatario en los que acusaba a Ruffo de haber “entregado” Baja California al grupo delictivo de los Arellano. En esos mismos textos, además, Calderón cuestionaba a Ruffo en lo moral y lo intelectual, describiéndolo como un ejemplo de baja formación y de una supuesta degradación dentro del PAN.

El contraste —y el golpe político— aparecieron en el presente. Sheinbaum colocó el foco en el cambio de narrativa del exmandatario, quien hoy sale a defender a Ruffo luego de su captura. La mandataria resumió la postura actual de Calderón como una maniobra que busca redefinir el caso: donde antes habría afirmado una alineación con el narco, ahora insiste en que el tema no es penal.

Sheinbaum argumentó que lo presentado por Calderón no puede considerarse una “diferencia” de criterio, sino una denuncia que el propio exmandatario construyó años atrás. Para la presidenta, esa línea discursiva no se parece a una rectificación: es una acusación que vuelve a la mesa con otro disfraz.

Y la conversación se vuelve más delicada cuando el expediente recae sobre hechos concretos del presente. Ernesto Ruffo Appel, exgobernador de Baja California, fue capturado por la Fiscalía General de la República (FGR) por su presunta responsabilidad en delitos vinculados al huachicol fiscal. No se trata de una imputación sin tiempo: Sheinbaum recuerda que tras un año de investigación se obtuvo una orden de aprehensión.

Ahí aparece el núcleo que le da profundidad a la controversia: Ruffo habría sido socio mayoritario de Ingemar, empresa señalada en la narrativa del caso como dedicada al contrabando de combustible. Con ese elemento, el asunto deja de ser únicamente un cruce de frases entre panistas y funcionarios del gobierno, y se transforma en un relato de investigación que apunta a una estructura empresarial.

En la parte más tensa, Sheinbaum deja entrever que la defensa actual de Calderón intenta reencuadrar el evento. Según la postura que Sheinbaum atribuye al expresidente y a la narrativa del PAN, la captura de Ruffo no sería un asunto penal, sino una supuesta persecución política destinada a encubrir delitos atribuidos a gobernadores de Morena.

Esa acusación funciona como el punto crítico del debate: si el caso es penal o si es una herramienta política. Sheinbaum, al proyectar los mensajes de 2017, intenta probar que, en el pasado, Calderón no trataba a Ruffo como un objetivo inocente o simplemente discutible, sino como parte de una acusación grave, ligada a los Arellano y acompañada de ataques a su “estatura moral” y su “nivel intelectual”.

La tensión queda instalada en el choque entre dos versiones del mismo personaje: el Ruffo que Calderón describía como cercano al narco y el Ruffo que ahora defiende con un giro discursivo que, para Sheinbaum, no es una aclaración, sino una maniobra para desactivar el carácter penal de la detención.

La lectura que deja la presidenta es clara: si el exmandatario cambió su postura, el cambio no borra la denuncia que formuló cuando gobernaba o cuando formulaba la acusación. Y esa disputa —más que de forma— es de fondo, porque obliga a confrontar si lo que hoy se discute es una diferencia política o un intento de justificar con palabras lo que las acciones y el expediente señalan como hechos investigados.

En el cierre, el mensaje queda con peso: Calderón intenta cubrir la captura con el relato de persecución, pero Sheinbaum lo regresa al terreno de lo que él mismo escribió antes. Y el caso de Ruffo, en esa reconstrucción, se convierte en una especie de espejo incómodo: lo que se dijo en 2017 vuelve para medir lo que se defiende hoy.

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