
Aun sin motivo para festejar, la presidenta resaltó el mínimo en más de ocho años y atribuyó el descenso a causas.
El 21 de julio dejó un dato que sobresale por encima de la rutina: 21 homicidios registrados en todo el país, el número más bajo en más de ocho años, de acuerdo con la presidenta Claudia Sheinbaum. La cifra no llega para celebrar. Llega, más bien, como una alerta y un argumento: hay un cambio en la tendencia y, según su lectura, responde a decisiones tomadas durante su gobierno.
Durante su conferencia mañanera desde el Estado de México, la mandataria colocó el registro en el centro del mensaje: “obviamente son personas”, dijo al referirse al número de homicidios. Sin embargo, insistió en que los indicadores sirven para ver el rumbo. Y ese rumbo, afirmó, muestra avance.
Sheinbaum enmarcó el contraste en una comparación política que busca explicar la curva de violencia. Señaló que en los sexenios neoliberales hubo incrementos, mencionando el periodo posterior a Vicente Fox como punto de referencia, mientras que con el inicio de la llamada 4T —con Andrés Manuel López Obrador— comenzó la disminución. Para reforzar el planteamiento, aseguró que, de forma preliminar, los homicidios han bajado 46%.
Lo relevante, para el discurso, no es solo el número del día, sino la lectura de continuidad: “y van a seguir disminuyendo”, sentenció. En su argumentación, el descenso no sería un accidente ni una casualidad estadística, sino resultado de una estrategia. En esa estrategia colocó dos pilares: la atención a las causas de la violencia y el fortalecimiento de las instituciones de seguridad pública.
Pero la presidenta añadió un elemento que le dio dirección social al análisis. Dijo que uno de los puntos centrales es la atención a las y los jóvenes. Explicó que la incorporación de un joven a grupos criminales no ocurre únicamente por dinero; también pesa la identidad. Y ahí ubicó el impacto cultural: si los medios de comunicación o las series construyen la idea de que “te va a ir mejor” al vincularte con un grupo delictivo, entonces se vuelve más fácil buscar una identidad a través del crimen.
Con esa línea, Sheinbaum conectó el dato del mínimo homicida con una explicación de fondo: combatir violencia requiere atacar el relato que empuja a la delincuencia y, al mismo tiempo, atender a quienes están en riesgo. En su versión, cuando el gobierno dirige acciones a las causas y no solo al resultado, se observan cambios en los indicadores.
La tensión del mensaje se concentra en la frase que cierra la postura: aunque no se debe celebrar, el registro del 21 de julio funge como señal de que el país puede moverse. Y lo sostuvo con un cierre centrado en tres elementos, como una especie de fórmula: “cuando hay estás tres, se dan resultados, y honestidad”.
Al final, el mensaje concluye en una convicción colectiva. Sheinbaum destacó que actualmente existe una intención compartida —en el gobierno y en el pueblo— para modificar la situación del país. Entre el dato duro del 21 de julio y la narrativa de estrategia social, el argumento queda armado para sostener que la disminución observada no se detiene: se mantiene mientras avance la política definida para cambiar las condiciones que alimentan la violencia.