“Muy buena” reunión: Sheinbaum descarta nuevos  aranceles y deja la mesa lista para negociar

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La presidenta afirma que México “se queda igual” tras decisiones de la Suprema Corte y el decreto de la Sección 301, con 0 aranceles bajo el T-MEC.

En Palacio Nacional, la discusión arancelaria se movió, pero el golpe que muchos temían no cayó. Claudia Sheinbaum calificó como “muy buena” la reunión sostenida con Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, y aseguró que México no enfrenta aranceles nuevos: el panorama mercantil “se queda igual” que antes.

La urgencia del tema se entiende por el contexto que Sheinbaum puso sobre la mesa. Según la presidenta, tras decisiones recientes de la Suprema Corte estadounidense y el nuevo decreto arancelario vinculado a la Sección 301, la expectativa era que el cambio se tradujera en mayores cobros para México. Sin embargo, su mensaje fue directo: no hay ajustes adicionales para las exportaciones mexicanas más allá de lo que ya se conocía bajo el T-MEC y las condiciones previas.

Sheinbaum lo resumió con una lógica simple, casi aritmética: los productos que se exportan dentro del marco del Tratado de Libre Comercio mantienen arancel de 0, salvo un caso puntual relacionado con vehículos de acero. Y, en el universo de lo que viaja fuera del tratado, el arancel se mantiene en 10%, que es el nivel que México ya tenía antes. El punto no es menor: el gobierno sostiene que no hay escalamiento, sino continuidad en la carga comercial.

Esa continuidad, dijo, tiene un propósito más allá del cálculo: dar certidumbre a quienes invierten. La presidenta insistió en que cerca del 80% de las exportaciones mexicanas no paga aranceles por el cumplimiento de las reglas de origen. El mensaje es claro: si las condiciones no cambian de forma abrupta, el sistema productivo puede seguir operando con previsibilidad, y no con el sobresalto de un reacomodo arancelario sorpresivo.

Luego vino el otro frente: la dimensión laboral. Sheinbaum recordó la integración profunda entre ambas economías tras 32 años de libre comercio y lanzó una idea que busca reencuadrar la conversación: por cada empleo que se genera en México, se crean dos en Estados Unidos. En consecuencia, frente a la visión estadounidense de reajustar el comercio para no perder puestos de trabajo, la presidenta remarcó que el empleo se produce en los dos lados de la frontera.

El corazón del debate, sin embargo, está en las reglas del juego que determinan qué se considera “contenido” en la región. México, afirmó, está dispuesto a revisar y fortalecer las reglas de origen del T-MEC, pero con una condición: que se reconozca el contenido producido en territorio mexicano y no únicamente lo fabricado en Estados Unidos.

Ahí aparece la fricción concreta. Sheinbaum explicó que la propuesta estadounidense plantea elevar el requisito de contenido regional de 70 a 90 por ciento. La respuesta de México, según la mandataria, es que ese porcentaje debería incorporar la manufactura de toda Norteamérica, no solo una parte.

A pesar de la distancia, el gobierno deja la negociación abierta. Sheinbaum sostuvo que existen diferencias persistentes en este punto frente a la práctica actual en la industria automotriz. Pero el cierre fue con tono de continuidad: ambas partes seguirán trabajando para alcanzar un acuerdo que fortalezca la integración regional.

En suma, la clave del día no fue solo el “qué” del arancel, sino el “cómo” del proceso: Greer y Sheinbaum se reunieron, el gobierno afirma que el costo no sube de manera nueva para México, y el conflicto real se mueve hacia el terreno de las reglas de origen—donde el porcentaje, el reconocimiento del contenido y el alcance geográfico pueden definir el rumbo del T-MEC.

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