
La mandataria responde por la acusación contra Ernesto Ruffo y defiende que el caso tardó por la escala del entramado.
El comentario cayó como sentencia política: “A ver si no se quema”. Claudia Sheinbaum eligió el tono burlesco para responder a Vicente Fox, quien había sostenido que “metía las manos y hasta las botas al fuego” por el panista Ernesto Ruffo, señalado en la acusación por huachicol fiscal.
La respuesta de Sheinbaum no fue un simple rifirrafe. En su explicación, redirigió el foco hacia el corazón del caso: las investigaciones no fueron cortas ni improvisadas. Señaló que el proceso tomó un año, no por un “número” aislado o por una sola pieza visible, sino por la magnitud del entramado.
Ahí aparece la reconstrucción que marca el pulso informativo. La presidenta acotó que no basta con mirar un registro puntual, como si el fenómeno se redujera a ferrotanques. Dijo que el entramado incluye “muchos otros” elementos que se conectan entre sí: la forma en que se almacenaba el combustible y el modo en que se distribuía hacia las gasolineras. Ese señalamiento cambia el ángulo: desplaza la discusión desde el gesto de respaldo o el señalamiento directo, hacia una lógica de funcionamiento.
Con esa base, Sheinbaum elevó la tensión. Si el asunto se sostuvo durante un año, es porque el caso —según su versión— involucra un alcance mayor al de un protagonista. Por eso remarcó que no se trata únicamente de lo primero que aparece en el relato público. La investigación, insistió, se extiende más allá de una sola figura y alcanza a otros empresarios que integran la red descrita como huachicol fiscal.
En ese punto, la burla de Sheinbaum adquiere otra dimensión: funciona como contraste entre la confianza absoluta que Fox dijo tener y el argumento de la mandataria sobre una investigación compleja, prolongada y vinculada a múltiples eslabones operativos. Lo que para unos fue un respaldo inmediato, para ella exige paciencia: no se resuelve con una frase y no se reduce a un solo elemento.
Así, el cruce Fox–Ruffo–huachicol fiscal termina desembocando en una disputa por el marco: credibilidad, evidencia y tiempo. Y la frase final de Sheinbaum deja un mensaje duro: el caso no se agota en lo que alguien “se juega” en el discurso, sino en lo que se documenta cuando la red es más grande, más extendida y con más operaciones involucradas.
Mientras Fox apostaba a un gesto, Sheinbaum puso el reloj y el alcance del entramado sobre la mesa.