Trump amenaza con pagar daños usando fondos iraníes  bloqueados por EE.UU.

0
7

Irán advierte que confiscar dinero soberano de terceros para indemnizaciones crearía un precedente financiero “incendiario” y peligroso.

El estrecho de Ormuz vuelve a tensarse con una lógica de represalia que ya no se limita a barcos y escoltas: ahora incluye dinero congelado. Donald Trump amenazó con usar activos iraníes bloqueados por Washington para responder por los daños que Teherán pueda causar a buques estadounidenses en una vía estratégica, y lo hizo en un momento en el que el intercambio de ataques entre ambos países sigue sucediendo día tras día.

El mensaje, sin embargo, no se quedó en una promesa general. El presidente aseguró que cualquier perjuicio causado por Irán sería compensado con los fondos que EE.UU. mantiene congelados. Pero el anuncio abrió un vacío: no detalló cuáles activos específicamente entrarían en la operación ni explicó el mecanismo legal que permitiría canalizarlos hacia pagos de indemnización.

Esa falta de precisión no es un detalle menor. En medio de un conflicto donde cada día suma un episodio, el cómo importa tanto como el qué. La amenaza sobre activos congelados toca el núcleo del pulso diplomático y también financiero: Estados Unidos mantiene bloqueados fondos y recursos vinculados al Gobierno iraní bajo su régimen de sanciones. De acuerdo con el Departamento del Tesoro estadounidense, ese bloqueo ha impedido a Teherán acceder a decenas de miles de millones de dólares en ingresos. Y aunque gran parte de esos recursos no se encuentre dentro del territorio estadounidense, las sanciones de Washington condicionan cualquier intento de desbloqueo o transferencia.

Aquí aparece una reconstrucción clave para entender por qué la decisión generó alarma: el acceso a esos fondos formaba parte de un acuerdo que buscaba bajar la intensidad del conflicto. El texto menciona un memorando de entendimiento firmado por ambos países en junio para poner fin a la guerra. Pero ese compromiso dejó de estar vigente hace dos semanas. El motivo, según lo señalado en el relato, fue el anuncio de ruptura de Trump, después de acusar a Irán de incumplir lo pactado.

En ese contexto, la amenaza de Trump funciona como un regreso a la lógica de presión. No es solo “contener” el riesgo en el mar: es convertir el bloqueo financiero en un instrumento de respuesta. Y en el mismo movimiento, el mensaje instala una disputa más amplia, porque lo que está sobre la mesa no es únicamente un intercambio entre dos actores: es la interpretación de lo que se puede confiscar y bajo qué criterio.

La reacción iraní llegó en seguida y elevó la tensión. Abbas Aragchi, ministro de Relaciones Exteriores, advirtió que usar activos congelados de otro Estado para cubrir reclamaciones futuras implicaría crear un “precedente incendiario”. En un mensaje en X, sostuvo que normalizar la confiscación de fondos soberanos podría desestabilizar el sistema financiero internacional, y remató con una advertencia: si los gobiernos convierten esa práctica en habitual, “los activos de nadie estarán seguros”.

Mientras Irán responde, Trump no recula. El texto lo coloca incluso dando un paso más en la escalada: aseguró que evalúa lanzar un “ataque masivo” contra Irán. Según la narración, esa opción sería de una magnitud mayor que la del 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra actual. En una entrevista con Axios, el presidente afirmó que todavía no ha tomado una decisión, pero reconoció que está “cada vez más cerca” de ordenar la acción. “Estoy considerando un ataque masivo… Estoy cerca de tomar una decisión… Estamos todos preparados”, dijo, marcando el tono de “lista para avanzar”.

Esa advertencia coincide con otra capa de la cronología: una nueva oleada de ataques. El viernes, Washington atacó un cuartel general de la Marina del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria iraní en Zibakenar, en la provincia de Guilán, según la agencia semioficial Fars. El objetivo fue el cuartel Hazrat Seyyed al-Shohada, y de acuerdo con evaluaciones iniciales no se registraron víctimas. La operación ocurre después de una secuencia previa descrita en el relato: fuerzas estadounidenses realizaron la decimotercera noche consecutiva de ataques. En esa misma línea, IRNA informó que uno alcanzó los alrededores de Ahvaz y dejó al menos cuatro muertos y cinco heridos.

El conflicto, además, no se queda en un solo sentido. Irán también amplía su alcance contra la red de bases estadounidenses en Bahréin, Kuwait y Jordania. El texto señala que uno de los primeros objetivos fue Bahréin: el ejército iraní afirmó haber atacado la base aérea de Sheikh Isa con drones “Arash”, dirigidos contra depósitos de combustible, almacenes de equipos militares, hangares e instalaciones de alojamiento utilizadas por fuerzas estadounidenses. Se menciona que la isla alberga la Quinta Flota de la Marina estadounidense y un centro clave de operaciones en el Golfo.

En Kuwait, la Guardia Revolucionaria iraní aseguró haber atacado la base aérea Ali Al Salem con drones, indicando que un depósito de municiones habría quedado destruido tras explosiones en cadena. También sostuvo que seis hangares utilizados como alojamiento por personal estadounidense fueron destruidos y otros tres sufrieron daños graves, dejando “un gran número” de militares muertos o heridos. El relato deja constancia de un contraste de información: hasta ese momento, ni Washington ni las autoridades kuwaitíes han confirmado esa versión.

Los golpes alcanzan igualmente Jordania, con el ejército iraní informando ataques contra la base aérea de Al-Azraq. Según el texto, el objetivo fueron hangares de aeronaves, instalaciones de mantenimiento y alojamientos utilizados por personal militar estadounidense.

Y en medio de todo esto, el capítulo financiero vuelve a presionar. Trump intenta definir la respuesta: si Teherán causa daños, el pago vendría de fondos iraníes congelados. Irán, en contraste, advierte que el mensaje abre una puerta peligrosa para terceros: la normalización de la confiscación soberana. El punto de tensión no es solamente la indemnización por un daño: es la señal que el conflicto envía al sistema financiero internacional, justo cuando cada ataque parece alimentar la siguiente decisión.

El cierre no es conciliador. Es una amenaza con reloj en marcha. Ormuz, la contabilidad de daños y los activos bloqueados se cruzan en un mismo escenario, mientras ambos bandos sostienen que están listos para el siguiente paso.

Entre buques y fondos congelados, Trump y Teherán empujan una escalada donde hasta la indemnización se vuelve arma.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí