Netanyahu acusa al alcalde de Nueva York de avivar odio y “miedo” por la CPI

0
5

La tensión escala tras un video de Zohran Mamdani: orden de arresto, debate legal en EE.UU. y choque político inmediato.

El cruce de acusaciones estalló con fuerza este domingo: el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, señaló al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, como responsable de sembrar “miedo” y de empujar una confrontación entre grupos. Su respuesta llegó después de que Mamdani publicara un video el martes, en el que advirtió que “no es bienvenido” y que el Ayuntamiento había revisado vías legales para aplicar, por su cuenta, una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional (CPI).

Netanyahu habló en una entrevista con Fox News y colocó el centro del conflicto en el impacto social de la iniciativa. En su versión, Mamdani no actuaría como un responsable municipal neutral, sino como alguien que “fomenta el miedo” y promueve el odio. El mensaje fue directo: el alcalde —dijo— debería ser “el alcalde de todos”, pero estaría impulsando una dinámica que enfrenta a unos contra otros.

La escalada también se sostiene en el ángulo legal que planteó Mamdani. Según el relato contenido en el texto base, al concluir que la Policía de Nueva York no podría arrestar a Netanyahu, el alcalde sostuvo que el Gobierno federal sí tendría esa capacidad. Ese planteamiento se transformó en combustible político y mediático, abriendo un nuevo frente: la discusión ya no era solo sobre la CPI, sino sobre quién podría ejecutar una orden en territorio estadounidense y bajo qué marco.

La reacción de Netanyahu, además de cargar contra el alcalde, atacó el corazón del caso. El primer ministro calificó de “fraudulentas” las acusaciones vinculadas a la CPI y defendió su posición con un reclamo de fondo: la orden habría sido emitida en noviembre de 2024 por presuntos crímenes de guerra durante la ofensiva en Gaza. Mientras Mamdani insistía en el alcance legal, Netanyahu tomó el camino opuesto: cuestionar la legitimidad del proceso.

Pero el punto de mayor tensión aparece cuando Netanyahu liga el debate institucional con un hecho de violencia. El primer ministro aseguró que, tras las declaraciones de Mamdani, surgió un clima de temor entre los judíos en Nueva York. Y fue más allá al sostener que, al día siguiente del “discurso de odio” contra Israel y contra él, un judío fue apuñalado al salir de una sinagoga. En la reconstrucción verbal de Netanyahu, ese episodio no sería casual, sino consecuencia del clima que —según él— promovieron las acusaciones contra su persona.

En paralelo, el tema se volvió también un termómetro del alineamiento político en Estados Unidos. El lunes, Trump respondió a las declaraciones de Mamdani y aseguró que Netanyahu “no será arrestado, bajo ningún concepto ni circunstancia” mientras se encuentre en Estados Unidos. Ese pronunciamiento funcionó como una línea roja en el debate: mientras la CPI y el argumento legal del alcalde empujaban hacia la ejecución de una orden, la postura de la Casa Blanca lo frenaba públicamente.

Netanyahu, sin bajar el tono, proyectó el siguiente movimiento. Adelantó que en su discurso ante la ONU buscará “hablar sobre la verdad” y hablar por Israel, en el marco de la alianza estadounidense-israelí, desde el podio de las Naciones Unidas. Es decir: el conflicto no se cerraría con una controversia legal o municipal, sino que se convertiría en un mensaje de alto perfil en el escenario internacional, justo antes de su participación prevista para septiembre.

En el fondo, el choque revela dos choques simultáneos: uno jurídico y otro simbólico. Por un lado, la orden de la CPI y la discusión sobre si el Gobierno federal puede intervenir. Por el otro, la narrativa sobre miedo y odio que Netanyahu atribuye a la estrategia política del alcalde. Y en medio de todo, el calendario manda: la presencia de Netanyahu en Nueva York para la Asamblea General de la ONU está a la vuelta de un mes, mientras el conflicto ya alcanzó a instituciones, discursos y respuestas políticas.

El desenlace inmediato no está escrito, pero el ritmo sí es claro: lo que parecía una disputa legal se transformó en una batalla de narrativas. Y en esa batalla, Netanyahu intentó marcar la agenda antes de pisar nuevamente suelo estadounidense: no solo controvertirá la orden, también buscará responsabilizar del clima generado en la ciudad.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí