La llegada del primer ministro israelí provocó una salida coordinada de delegaciones, respaldo en los palcos y una fuerte confrontación política.
La escena ocurrió antes de que comenzara el discurso. Cuando Benjamín Netanyahu subió al estrado de la Asamblea General de Naciones Unidas, varios diplomáticos abandonaron sus lugares. El gesto dejó sectores enteros sin ocupar y convirtió su intervención en uno de los momentos más tensos de la jornada internacional.
Netanyahu respondió de inmediato. Antes de iniciar su mensaje, desafió a quienes se retiraban y los calificó de “cobardes morales”, invitando a más asistentes a salir si así lo deseaban.
La imagen contrastó con lo que ocurría en los palcos. Allí, simpatizantes del primer ministro israelí mostraban kipás y distintivos con la bandera de Israel. Algunos levantaron sus teléfonos para tomarse selfis; otros aplaudieron de pie. Desde ese sector también surgieron consignas de apoyo, entre ellas una que describía a Netanyahu como “la luz” del recinto.
El ambiente dentro de la ONU reflejó una fractura que ya se había trasladado a las calles de Nueva York. La presencia del mandatario generó protestas convocadas en distintos puntos de la ciudad, una movilización que volvió a aparecer durante la semana de la Asamblea General.
Durante casi 40 minutos, Netanyahu dirigió críticas contra Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York. Lo acusó de antisemitismo y afirmó que el funcionario respaldaba a personas condenadas por apoyar a Hamás. También aseguró que Mamdani había intentado impedir su llegada al país mediante el llamado a ejecutar una orden de arresto internacional relacionada con presuntos crímenes de guerra.
El primer ministro rechazó las acusaciones de genocidio en Gaza. Según su discurso, Israel no cometió ese crimen, sino que evitó que sus adversarios acabaran con la población israelí. Además, sostuvo que las afirmaciones contra Israel y los judíos estaban generando amenazas contra personas judías en Nueva York.
En contraste, Netanyahu reservó elogios para Donald Trump. Lo presentó como el mejor aliado que Israel ha tenido y agradeció su liderazgo. Admitió que existen diferencias entre ambos, aunque insistió en que permanecen unidos cuando enfrentan decisiones determinantes.
La visita del mandatario israelí fue breve. Llegó a Nueva York junto con su esposa, Sara Netanyahu, y fue recibido por representantes israelíes antes de dirigirse a la sede de Naciones Unidas. Su agenda incluía encuentros con líderes latinoamericanos, pero no una reunión con Trump.
El viaje estuvo marcado por la orden de detención emitida por la Corte Penal Internacional. El proceso, iniciado con la solicitud del fiscal Karim Khan en mayo de 2024, terminó en noviembre de ese año con órdenes contra Netanyahu, Yoav Gallant y dirigentes de Hamás por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad.
La CPI señaló posibles responsabilidades relacionadas con el uso de la inanición como método bélico, además de asesinato, persecución y otros actos inhumanos. El tribunal también indicó que la población civil palestina habría sido privada de recursos esenciales como agua, alimentos, electricidad, combustible y medicamentos.
Sin fuerza policial propia, la Corte depende de sus Estados miembros para ejecutar las detenciones. Israel y Estados Unidos, que no reconocen la jurisdicción del tribunal, rechazaron las órdenes.
Entre aplausos, consignas y asientos vacíos, la intervención de Netanyahu terminó convertida en una exhibición de respaldo y rechazo. La sala no solo escuchó un discurso: mostró la profundidad de la división que rodea al primer ministro israelí.


