La Asamblea General quedó marcada por manifestaciones propalestinas, delegados que abandonaron la sala y acusaciones cruzadas sobre Gaza.
La tensión no se quedó en los discursos. Mientras Benjamin Netanyahu defendía ante la ONU las operaciones militares de Israel, decenas de delegados abandonaron el recinto y, afuera, una protesta propalestina terminó con al menos 30 personas detenidas.
El episodio ocurrió durante el tercer día de la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas. La jornada colocó frente a frente dos posiciones irreconciliables: Israel, defendiendo sus acciones en Gaza, Irán y otros puntos de Oriente Medio; Palestina, denunciando una ofensiva que, según Mahmoud Abbas, amenaza la existencia de su pueblo.
La protesta comenzó antes de la intervención de Netanyahu. Cerca de 200 personas se concentraron frente a la sede de la ONU para rechazar la presencia del primer ministro israelí. La movilización fue convocada por Jewish Voice for Peace, organización judía que realiza activismo a favor de Palestina.
Entre los arrestados estuvieron la actriz Susan Sarandon, la ganadora del Emmy Hannah Einbinder, la candidata demócrata Darializa Avila Chevalier y el concejal neoyorquino Chi Osse. La manifestación buscaba denunciar las acciones israelíes en Gaza y cuestionar el respaldo que, según los participantes, se realiza en su nombre y con sus impuestos.
Manijeh Moradian, asistente de ascendencia iraní y judía, sostuvo que la destrucción de la sociedad gazatí debía ser denunciada. Su declaración resumió el tono de la protesta: responsabilidad política, rechazo a la ofensiva y condena a lo que describió como una aniquilación.
Dentro de la Asamblea, el discurso de Netanyahu detonó otra escena de confrontación. Apenas subió al estrado, decenas de representantes se retiraron en señal de protesta. El primer ministro respondió desafiando a quienes permanecían en el salón y rechazó las acusaciones de genocidio.
Netanyahu defendió las acciones de su gobierno en Gaza, Irán y otras zonas de Oriente Medio. Sin embargo, su intervención quedó atravesada por la protesta diplomática y por una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional, relacionada con acusaciones de crímenes de guerra y lesa humanidad, según lo expuesto en el contexto de la jornada.
Palestina intervino a la distancia. Después del veto de Estados Unidos al presidente Mahmoud Abbas, su mensaje fue transmitido dentro de la sala. Abbas acusó a Israel de impulsar políticas que incluyen asentamientos en Cisjordania ocupada y advirtió que estas acciones ponen en riesgo la posibilidad de una solución de dos Estados.
También denunció asesinatos, destrucción, hambre y desplazamiento en Gaza, además de calificar la ofensiva como una guerra genocida. El contraste fue absoluto: Israel defendió su actuación; Palestina describió una emergencia existencial.
La jornada terminó con una imagen difícil de ignorar: manifestantes detenidos afuera, delegados saliendo del recinto y dos discursos que retrataron un conflicto cada vez más lejos de cualquier consenso.


