El dispositivo, capaz de provocar ardor extremo en la piel, será evaluado por el DHS durante siete meses sin claridad sobre su uso
Un haz invisible que atraviesa más de 800 metros. Eso es lo que el Pentágono acaba de autorizar probar en la frontera entre Estados Unidos y México. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) tendrá acceso temporal al Sistema de Denegación Activa (ADS), un dispositivo de grado militar que provoca una sensación de ardor intenso en la piel sin lanzar un solo proyectil. La idea: obligar a las personas a alejarse de su trayectoria. El método: calor extremo.
La autorización fue revelada por CNN y quedó sellada en un memorando firmado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth. El préstamo durará siete meses. En ese lapso, el DHS podrá evaluar la tecnología y desarrollar tácticas para su posible uso en operaciones fronterizas. Por ahora, no hay orden de desplegarla contra migrantes ni evidencia de que ya esté operando. Pero la puerta quedó abierta.
El funcionamiento del ADS es tan simple como perturbador. Emite energía electromagnética que, al tocar la piel, genera una sensación comparable a abrir un horno caliente. Funcionarios militares citados por el medio describen el efecto como un hormigueo que puede durar entre 10 y 15 minutos. La intención es que la persona escape del área alcanzada. El ardor desaparece al salir del haz, pero el recuerdo, según casos documentados, no.
Y ahí está el punto de tensión: el sistema ha sido vinculado a quemaduras de segundo grado, incluyendo incidentes durante pruebas y entrenamiento. Que sea catalogado como “no letal” no lo exime de riesgos. El eufemismo técnico no borra las lesiones. La etiqueta tranquiliza, pero la piel no distingue entre “no letal” y “quemadura”.
El memorando tiene vacíos que generan preguntas incómodas. No especifica dónde ni bajo qué condiciones se realizarán las pruebas. Tampoco detalla quién supervisará los protocolos. Solo establece que el personal del Departamento de Guerra no operará el sistema; la responsabilidad recae en el DHS. Al concluir el préstamo, la dependencia podrá solicitar más tiempo. La prueba piloto podría convertirse en permanencia sin que nadie lo note.
La idea no es nueva. Funcionarios estadounidenses ya habían considerado el ADS para la frontera y para escenarios de disturbios internos. En 2018, la entonces secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, rechazó una propuesta para emplearlo contra inmigrantes. Siete años después, el Pentágono lo autoriza. La historia se repite, pero esta vez con un memorando firmado.
Un portavoz de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) respondió al medio con una frase que no dice nada: “La CBP evalúa continuamente nuevas tecnologías, especialmente aquellas que mejoran la eficacia operativa y fortalecen las capacidades de la misión”. Traducción: se prueba todo, incluso lo que quema. La frontera se convierte en laboratorio y el calor, en herramienta de control. La pregunta no es si el ADS funciona, sino quién responderá cuando la piel arda.


