El expresidente critica la millonaria remodelación del recinto y la guerra contra Irán en un mitin demócrata en Ohio.
Novecientos millones de dólares. Esa es la cifra que, según estimaciones de expertos en finanzas, terminarán costando las remodelaciones que Donald Trump ha impulsado en la Casa Blanca. Y Barack Obama no dejó pasar la oportunidad. Durante un mitin de campaña en Ohio, el exvicepresidente y expresidente de 65 años despotricó contra lo que considera una remodelación innecesaria y excesiva de uno de los recintos más emblemáticos de la historia estadounidense.
El escenario fue estratégico. Obama se encontraba en Ohio para impulsar las campañas de sus colegas demócratas: Amy Acton, candidata a gobernadora, y Sherrod Brown, aspirante a senador. Pero el foco pronto se desplazó hacia Trump. “No sé si se han dado cuenta, pero parece estar muy centrado en las reformas del hogar. Debería salir en HGTV”, expresó Obama al inicio de una rutina afilada.
Los cambios son concretos. El republicano de 80 años ordenó reemplazar el césped central del Jardín de Rosas por un pavimento de piedra caliza. También embellecer el despacho Oval recubriendo algunas de sus áreas con oro de 24 kilates. Y remodelar el histórico baño Lincoln, por citar algunos de los ajustes. Las obras de construcción del Salón de Baile y del helipuerto, según Trump, serán cubiertas por un grupo de empresas. Pero sus detractores sostienen que la ciudadanía terminará asumiendo el costo.
El punto de mayor tensión llegó con una frase que condensa el sarcasmo. “Ha dejado la Casa Blanca como si Saddam Hussein hubiera abierto un Cheesecake Factory”, indicó Obama. La comparación no fue accidental. El expresidente buscó retratar el caos estético y el derroche en un solo golpe discursivo.
Pero la crítica no se limitó al terreno de la remodelación. Obama también reprochó a Trump haber iniciado una guerra contra Irán sin fundamento que la respalde. Sostuvo que la República Islámica carecía de planes para desarrollar armas nucleares, como el republicano ha mencionado de manera recurrente. “Lo más importante es que decidió iniciar una guerra innecesaria que nadie pidió y por la que nadie votó”, subrayó.
La memoria del acuerdo nuclear fue el eje de su argumento. “Irán no tenía armas nucleares porque yo había logrado un acuerdo que, como todos saben, les impidió obtenerlas”, afirmó. Y remató con una exhortación directa: exigir cuentas a los republicanos. La recta final de las campañas intermedias tiene un nuevo ingrediente. Obama ha vuelto al ruedo. Y no ha llegado a repartir elogios.


