La cifra equivale a presupuestos completos de dependencias federales mientras Elektra se compromete a liquidar más de 32 mil millones en pagos escalonados hasta julio de 2027.
La Tesorería de la Federación ya tiene el dinero.
No es un adelanto. No es una promesa. Son 13 mil 979 millones 904 mil 51 pesos que ingresaron de forma efectiva. La autoridad fiscal lo confirmó esta semana mediante una tarjeta informativa de la Secretaría de Hacienda.
El giro es mayúsculo. Ricardo Salinas Pliego, uno de los hombres más poderosos del país, comenzó a desmontar una deuda que durante años pareció blindada. Su empresa, Grupo Elektra, enfrentó a la Suprema Corte y perdió. Las resoluciones del máximo tribunal fueron claras: había que pagar más de 32 mil millones.
Ahora, el expediente muestra avances concretos.
Hacienda desglosó el número con precisión casi quirúrgica: 32 mil 132 millones 897 mil 658 pesos es el total que deberá cubrirse durante 2026 y 2027. Pero lo relevante no es solo el monto final. Es lo que ya ocurrió.
Cerca del 43% del adeudo total ya está en manos del Estado.
El documento oficial fue contundente: “De dicha cantidad, a la fecha, ya fueron ingresados a la Tesorería de la Federación 13 mil 979 millones 904 mil 51 pesos”. La frase no admite matices. El dinero entró.
Lo que sigue es una estrategia de pago que el propio gobierno calificó con una expresión inusual: “pagos chiquitos”. El resto de la deuda se liquidará en cuotas hasta julio de 2027. Pero el simbolismo del primer desembolso es ineludible.
Para poner en perspectiva lo que significa esta recuperación fiscal: los casi 14 mil millones ya depositados superan el presupuesto anual completo de varias secretarías. No es un logro menor. Es, según el comunicado oficial, uno de los montos más altos jamás recuperados por el SAT en un solo caso.
El contexto político no es decorativo. Desde el arranque de la llamada cuarta transformación, el discurso oficial insistió en una premisa: terminar con los regímenes de excepción. Que los grandes contribuyentes pagaran bajo las mismas reglas que el resto. Este caso se convierte ahora en la prueba de fuego de esa narrativa.
Elektra no pidió condonaciones. No logró suspensiones indefinidas. La Corte habló. Y el dinero comenzó a fluir.
La pregunta que flota en el aire es inevitable: si este es el primer movimiento, ¿qué vendrá después?
