Una jaula octagonal en el jardín sagrado: la Casa Blanca se reinventa como coliseo

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El presidente cumple 80 años con un ring de artes marciales, dos peleas estelares y 4.300 militares de público; la entrada más cara superaría el millón y medio de dólares.

Suena la campana. No en Las Vegas. En la residencia presidencial. Desde este lunes, decenas de obreros ensamblan arcos abovedados y una estructura de malla metálica sobre el césped sur. La imagen, difundida por computadora, muestra un octágono rodeado de miles de sillas. Es la antesala del UFC Freedom 250. La fecha: 14 de junio. El anfitrión: Donald Trump, que ese día sopla 80 velas.

El presidente lo promete: será “el evento más grande” que la compañía haya organizado jamás. La empresa matriz, TKO Group Holdings, aclara que no habrá ganancias. El espectáculo, dice su presidente Mark Shapiro, es “una inversión a largo plazo”. Una ironía: apenas dos combates por títulos de campeonato animarán la velada. El brasileño Alex Pereira se medirá al francés Ciryl Gane por el cinturón interino de peso pesado. El hispano-georgiano Ilia Topuria saltará al octágono contra el campeón interino Justin Gaethje en la categoría ligera.

El presupuesto asciende a 60 millones de dólares. La empresa lo asume. Pero el acceso del ciudadano común es nulo: no habrá venta general de boletos. La UFC dispondrá 85.000 entradas gratuitas para seguir el combate desde el parque Ellipse, vecino a la mansión. Dentro del jardín sur, solo 4.300 personas, en su mayoría miembros de las Fuerzas Armadas, presenciarán el duelo en vivo.

Trump confirma una demanda desbordada. “Nunca había visto a tanta gente querer algo tanto como quieren esos boletos”, declara. Para los VIP, hay otra ventana. El periodista especializado Ariel Helwani filtra el número: 1,5 millones de dólares por paquete de acceso especial. La UFC no lo confirma. Tampoco lo desmiente.

El jardín sur de la Casa Blanca ha visto picnics presidenciales y conciertos. Nunca una jaula. Nunca un espectáculo deportivo profesional en vivo. Hasta ahora.

La construcción del octágono se suma a una lista de transformaciones impulsadas por esta administración. Dorados en el Despacho Oval. Pavimento sobre el jardín de rosas. Un baño remodelado contiguo al dormitorio de Lincoln. La demolición del ala este para levantar un nuevo salón de baile. Todo en menos de dos años.

El 14 de junio, el césped presidencial dejará de ser césped. Será ring. Será negocio. Será celebración. O, según se mire, la metáfora perfecta de un poder que ya no dialoga: combate.

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