
La mandataria respalda al empresario Carlos Slim y exhibe récords de empleo e inversión extranjera; acusa a la calificadora de operar con lógicas neoliberales.
El dictamen llegó desde las torres de Nueva York. La respuesta, desde el Salón Tesorería. La presidenta Claudia Sheinbaum no tardó ni un solo ciclo informativo en responder a Moody’s. El veredicto: “ridícula”. La calificadora internacional había rebajado la nota comercial de México. Para la mandataria, el error no es técnico. Es de época.
“Se quedaron en el pasado”, disparó durante su conferencia matutina. Y no habló sola. Respaldó las palabras del ingeniero Carlos Slim, quien había utilizado el mismo adjetivo horas antes. “Qué bueno que lo dijo él —subrayó Sheinbaum—. Su opinión pesa en el país y en el mundo”.
El empresario, según la presidenta, no habla desde la especulación. “Ve los números permanentes de la economía nacional”, explicó. Y tiene razón: los indicadores que ella misma desglosó ayer y hoy dibujan un panorama opuesto al que refleja la rebaja.
Apenas 24 horas antes, en su conferencia del martes, Sheinbaum ya había soltado dos datos demoledores: récord histórico en inversión extranjera directa y un balance comercial positivo sostenido. Es decir, México vende al exterior más de lo que compra.
Esta mañana sumó más munición. En el primer trimestre de 2026, se crearon más de 550 mil empleos formales. No solo eso. La pobreza laboral registró una caída sin precedentes. El indicador no solo mide cuántos trabajan, sino en qué condiciones lo hacen. Y ahí, dijo la presidenta, también hay mejora.
El diagnóstico de Sheinbaum es quirúrgico: los modelos de Moody’s son anacrónicos. Se parecen, aseguró, a los del neoliberalismo. Una calificadora que mira el espejo retrovisor mientras la economía mexicana acelera hacia adelante.
La tensión no es menor. Una rebaja en la calificación comercial puede encarecer el financiamiento externo del país. Pero la presidenta optó por desactivar la amenaza con una estrategia frontal: confrontar la métrica con la realidad de los números locales. Y usar la voz de Slim como un ariete.
“Cuando él dice que es ridícula —insistió ella— quiere decir que él ve muy positiva la economía nacional”. La frase funcionó como cierre y como desafío. México, según su relato, no necesita que Wall Street le valide el pulso.