Sheinbaum: la visita a Felipe VI se logró por reconocer abusos de la Conquista

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La presidenta sostiene que su gobierno mantiene congruencia: primero gestos históricos, luego agenda cultural y reclamo de identidad.

La reunión de Claudia Sheinbaum con el rey Felipe VI no fue, según la mandataria, un encuentro diplomático “a ciegas”. Fue, insistió este viernes, el resultado de un reconocimiento previo del gobierno español y del propio monarca sobre los “abusos” ocurridos durante la llegada de los españoles, en el periodo que llamó Conquista. Con ese planteamiento, Sheinbaum colocó la discusión en un terreno que va más allá de los protocolos y pone el foco en el significado de lo conversado.

En conferencia de prensa matutina, Sheinbaum explicó que el encuentro del día anterior —que duró alrededor de una hora— tuvo que ajustarse por las lluvias. La recepción oficial inició y, posteriormente, la conversación se trasladó al Salón de Embajadores de Palacio Nacional. Es decir: incluso el calendario quedó condicionado por el clima, pero el contenido, según dijo la presidenta, estaba anclado en una premisa política e histórica.

El punto de giro apareció cuando la mandataria describió el origen de la visita. Señaló que esa reunión “no se hubiera podido dar” sin que, previamente, España y el jefe del Estado español admitieran en su “forma” y “manera” los abusos de la Conquista. Para Sheinbaum, lo que siguió después fue consecuencia directa: ese gesto se tradujo en la visita que ocurrió “el día de ayer”.

A partir de ahí, el relato cambió de coordenadas: de la historia al presente, de la disculpa implícita al debate de identidad. Sheinbaum indicó que el primer tema abordado con el rey fue la reivindicación de los pueblos originarios y su lugar dentro de la identidad nacional. Llevó cifras a la conversación: 28 millones de personas en México se reconocen como indígenas; también mencionó la existencia de 69 lenguas. En su argumentación, el valor de esas culturas prehispánicas sería una base para el México contemporáneo.

La mandataria lo conectó con una agenda social: dijo que se trata de identidad, reconocimiento y rechazo a la discriminación. Usó el enfoque como herramienta política: “no al racismo, no al clasismo” y no a cualquier forma de discriminación. Para el gobierno, insistió, esa línea sería también una cuestión de dignidad para México.

Mientras el mensaje se centraba en el país, el rey respondió con una ruta internacional. Sheinbaum relató que Felipe VI escuchó los planteamientos y manifestó interés en dar continuidad al trabajo en la Cumbre Iberoamericana, prevista para noviembre en Madrid, donde una mesa de trabajo estará dedicada a pueblos originarios. La presidenta dijo que la conversación seguiría por ese conducto, abriendo una dimensión diplomática para el tema indígena.

Pero la tensión no se quedó en la reunión. Sheinbaum respondió a quienes cuestionan la coherencia de su postura hacia España. Su respuesta fue tajante: defendió que no hay contradicción en “lo que hacemos”. Incluso mencionó a quienes afirman que el gobierno “un día” dice una cosa y “otro” en contra, y rechazó esa lectura con un argumento de continuidad.

En ese mismo bloque, la mandataria contestó críticas provenientes de la derecha española hacia el rey por la visita. También descartó que llamar a su postura “indigenista” sea una ofensa. Lo formuló en términos directos: si alguien la etiqueta, preguntó cómo podría ser un agravio cuando, según su marco, se trata de dignidad e identidad.

La imagen personal del encuentro también fue parte de la narrativa. Sheinbaum resumió su percepción del monarca como una evaluación humana: dijo que fue una reunión cordial y que el rey le pareció “muy sencillo”. No era un detalle menor: buscaba cerrar la discusión sobre intenciones y reputación, y sostener que el gesto previo y la agenda posterior conectan.

En lo acordado, el componente cultural ocupó un lugar central. Sheinbaum explicó que tres exposiciones viajarán a España en momentos distintos: una sobre los refugiados de la República Española, otra dedicada a Sor Juana Inés de la Cruz y una tercera sobre la cultura maya. Además, ambos jefes de Estado tocaron temas comerciales y económicos. En el mismo encuentro, el rey planteó la importancia de respetar la Carta de las Naciones Unidas, la autodeterminación de los pueblos y la paz.

La crónica del día terminó con un recorrido: al cierre, ambos recorrieron el mural “Epopeya del pueblo mexicano” de Diego Rivera en las escalinatas de Palacio Nacional, manteniendo la conversación. Después, el rey partió a Guadalajara, donde este viernes asistirá al partido de la selección española contra Uruguay como parte de la Copa Mundial de la FIFA 2026.

El eje, sin embargo, se quedó en la frase que Sheinbaum colocó al inicio: sin reconocimiento previo de abusos de la Conquista, no habría reunión. Y con ese planteamiento, la presidenta intentó sellar dos disputas a la vez: la histórica —qué se reconoce y cómo— y la política —por qué el gobierno dice lo que dice y sostiene la congruencia de su rumbo.

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