Imágenes del avión y documentos de coordinación apuntan a un operativo federal estadounidense planificado y sin aviso a México.
La captura de Ismael “El Mayo” Zambada volvió a moverse. Y no por una versión repetida, sino por nuevas piezas que, según se difundió, cambian la lectura del operativo desde la raíz: quién lo diseñó, quién participó y en qué condiciones se ejecutó.
El periodista Luis Chaparro presentó información e imágenes inéditas vinculadas al traslado del líder del Cártel de Sinaloa a Estados Unidos. En su planteamiento, los elementos difundidos apuntan a una participación de autoridades estadounidenses más amplia de la que se entendía previamente.
El corazón del nuevo relato se llama “Operación Air Kings”. Chaparro detalló que el operativo habría sido planeado, revisado y autorizado con anticipación por el FBI y la DEA. Además, dijo que en el despliegue se incorporaron agentes de El Paso y personal de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). En conjunto, el señalamiento rompe con una narrativa inicial en la que se sostenía que Estados Unidos no sabía quién viajaba en la aeronave hasta el aterrizaje.
Aquí aparece el giro que enciende la tensión del caso. Con base en lo presentado, se afirma que lo difundido desmiente esa idea del desconocimiento previo. No es un detalle menor: cambia quién tenía la información antes de que el avión tocara Santa Teresa, Nuevo México.
Chaparro también sostuvo que el operativo se habría construido sin notificar antes al Gobierno de México. En esa línea, la consecuencia descrita no es solo operativa, sino política: la actuación, según el relato, se diseñó y se ejecutó sin aviso previo, aun cuando el traslado desembocó en territorio estadounidense.
El otro componente del rompecabezas es el avión. Chaparro dijo que el aeroplano empleado para llevar a Zambada a Estados Unidos muestra señales que, de acuerdo con su explicación, son compatibles con un traslado tenso. Mencionó que se trata de una aeronave de la década de 1970, presuntamente usada como aerotaxi en Colombia y modificada para dificultar su identificación. La modificación del propio medio se presenta como un elemento que “complica” el rastreo.
En el material compartido, el periodista mostró fotografías del interior. Ahí, según se explicó, se aprecian respaldos dañados, marcas de zapatos en los asientos y dos ventanas con golpes aparentes. El contraste con lo que se dijo antes sobre el vuelo aparece como un hilo interno: Chaparro recordó que el propio Zambada declaró que fue inmovilizado con bridas durante el trayecto.
El punto de controversia se concentra en el paquete completo: documentos de coordinación, participación de múltiples agencias federales, el nombre del operativo y el estado físico del avión. Todo, según el planteamiento difundido, cuestiona versiones previas y empuja el caso hacia una lectura de mayor planificación.
Mientras tanto, la parte institucional queda a medias. Hasta ahora, se indica que las autoridades de Estados Unidos no han emitido posicionamiento público sobre estas revelaciones. Aun así, se agrega un dato que completa el cuadro con una pista adicional: el avión utilizado en el traslado habría sido donado por el FBI a un museo en Santa Teresa, Nuevo México.
Así, el relato con nuevas imágenes y documentos no solo “agrega” información: reordena el significado de la captura. Si el operativo fue coordinado con anticipación por el FBI y la DEA, e involucró a CBP y personal desplegado en El Paso, entonces la pregunta se vuelve inevitable: ¿qué tan amplia era la planeación antes del aterrizaje y por qué no se notificó previamente a México?
El cierre queda en el contraste. Por un lado, la difusión de Chaparro coloca a “Operación Air Kings” como una acción federal más organizada y con más actores. Por el otro, la ausencia de respuesta pública de Estados Unidos deja el escenario abierto. Y en un caso así, esa pausa no calma: mantiene la presión sobre las piezas que hoy se están poniendo encima de la mesa.
