“No aceptaremos ser un estado vasallo”: Cuba responde con advertencia militar a Trump

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Cuba's Deputy Minister of Foreign Affairs Carlos Fernandez de Cossio speaks during an interview with Reuters in Havana, Cuba, September 2, 2022. REUTERS/Alexandre Meneghini

El viceministro de Exteriores cubano rechazó la amenaza de EE.UU. mientras confirmó que las fuerzas armadas se preparan ante una eventual agresión; descartó cambios de régimen en la mesa de diálogo.

Las fuerzas armadas cubanas están en posición de alerta. No es una especulación. Es una declaración oficial del viceministro de Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, en respuesta directa a las palabras de Donald Trump, quien aseguró que podría “tomar” Cuba. “Seríamos muy inocentes si no lo hiciéramos, viendo lo que está pasando en el mundo”, afirmó el funcionario en entrevista con NBC.

La respuesta de La Habana no dejó espacio para ambigüedades. Fernández de Cossío utilizó un término que en la tradición política cubana tiene un peso específico: rechazó rotundamente la posibilidad de que la isla se convierta en un “estado vasallo o dependiente de otro país o superpotencia”. La frase resume décadas de retórica antimperialista, pero esta vez se enmarca en un momento de tensión renovada con Washington.

Trump, en declaraciones recientes, había sugerido que Estados Unidos podría ejercer control sobre la isla. La reacción cubana fue inmediata y escaló el tono. Fernández de Cossío no solo afirmó la soberanía nacional, sino que confirmó que el ejército está en fase de preparación ante una posible agresión. “Nuestro ejército siempre está listo y se está preparando estos días para la posibilidad de una agresión militar”, sostuvo.

El punto de tensión no está solo en la amenaza militar implícita. Está en la superposición de dos discursos que parecen moverse en carriles paralelos. Mientras Cuba anuncia que se alista para un eventual conflicto, también mantiene abierta la vía del diálogo con Washington. Fernández de Cossío aclaró que el objetivo del acercamiento es “tratar de construir una relación respetuosa”. Y lanzó una línea roja: la naturaleza del gobierno cubano, su estructura e integrantes no están sobre la mesa de negociación. “Eso no es algo que un país soberano negociaría”, sentenció.

La entrevista reveló también áreas donde Cuba ve posible cooperación bilateral. El combate a la migración irregular, el tráfico de drogas, el crimen organizado y la seguridad fronteriza figuran en la lista. También hay un guiño económico: Fernández de Cossío mencionó cambios recientes en la política de inversiones y en las formas de propiedad en la isla. “Puede ser interesante para Estados Unidos y los estadounidenses que no pueden hacer negocios con Cuba hoy porque su propio gobierno se lo prohíbe”, dijo, en un intento por exponer la contradicción entre las sanciones y los intereses comerciales estadounidenses.

Pero el funcionario cubano no ocultó la gravedad de la situación interna. Escasez de combustible, crisis energética, falta de alimentos. Negó que el país esté en colapso y atribuyó las dificultades al impacto de las sanciones de Estados Unidos. “No puedes culpar al gobierno si tienes a la nación más poderosa del mundo, dedicando muchos recursos, para crear ese escenario”, afirmó.

La tensión narrativa se sostiene en esa dualidad: Cuba se prepara para lo peor mientras negocia lo mejor. Fernández de Cossío expresó confianza en que no habrá acción militar, pero justificó el estado de alerta como una necesidad ante el contexto global. “Esperamos que no haya ninguna acción militar y francamente no vemos una razón para ello”, dijo. Pero añadió: “Estamos preparados para lo que venga”.

El cierre de su intervención apeló a la conciencia estadounidense. “Espero que los estadounidenses sepan que no está bien que se amenace a una nación de la manera en que Estados Unidos lo está haciendo con nosotros”. Fue una apelación directa a la ciudadanía del país que, según su diagnóstico, está imponiendo las sanciones que ahogan a la isla.

En medio de la crisis, Cuba mantiene abierta la puerta al diálogo. Fernández de Cossijo no puso objeción a que el secretario de Estado, Marco Rubio, encabece las conversaciones. Pero el mensaje central fue de firmeza: soberanía no negociable, fuerzas armadas en alerta y rechazo absoluto a convertirse en dependiente de una superpotencia.

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